Tres miradas sobre Mar del Plata
Annemarie Heinrich, Ataúlfo Pérez Aznar, Alberto Goldenstein,
Museo MAR
08.01.21 | -06.21

El Museo de Arte Contemporáneo de la Provincia de Buenos Aires (MAR) reabrió al público el 8 de enero de 2021 con la presentación de dos exposiciones que aluden al entorno y a la cultura local: El orden y el accidente – 11 artistas marplatenses y Tres miradas sobre Mar del Plata. Esta última reúne una selección de fotografías de la ciudad en diferentes momentos históricos: el registro que Annemarie Heinrich (Darmstadt, 1912 – Buenos Aires, 2005) produjo desde mediados de los años 40 hasta fines de los 50, las fotos que tomó Ataúlfo Pérez Aznar (La Plata, 1955) durante los veranos de la década del 80 y las imágenes de fines de 2001 de Alberto Goldenstein (Buenos Aires, 1951). Realizada en colaboración con el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), la muestra cuenta con curaduría de su director, Andrés Duprat, que señala que “el conjunto de fotografías de estos tres artistas revela la metamorfosis de la ciudad, las transformaciones del paisaje urbano y los cambios en las costumbres sociales; [al tiempo que] nos permite constatar las continuidades, lo inalterable, aquello que logra traspasar el tiempo como las invariables geográficas: la playa y el mar”.

La imagen fotográfica permite observar en tiempo presente una visión del pasado, del momento del registro o de la toma. Al respecto, el texto curatorial de Duprat sostiene que “una fotografía postula un presente ficticio, en tanto repone un instante pretérito, a la vez que asimila nuestro punto de vista al de quien está detrás de la cámara. Somos, sin cuestionárnoslo, él o ella en aquel momento. A través de esa mirada ajena, nos volvemos testigos de un espacio y un tiempo ya transcurridos”. En este sentido, Heinrich, en un trabajo menos difundido que sus retratos de celebridades, “posó su lente sobre la ciudad y realizó un exhaustivo registro de su fisonomía y su dinámica”, produciendo una serie de vistas que “acompañaron el proceso de transformación marplatense, desde la estética señorial con la que el balneario había sido concebido –una suerte de Biarritz sudamericana para familias de clase alta– hacia una urbe compleja y plural, capaz de acoger a todas las clases sociales con sus hoteles sindicales y la proliferación de construcciones accesibles”, continúa Duprat. El curador comenta asimismo que estas imágenes se caracterizan por “una sutileza que prescinde del pintoresquismo, capturando con precisión la vida, las costumbres, el trabajo y el ocio que conforman la dinámica social de una época y una ciudad”.

Las fotografías de Pérez Aznar, por su parte, “muestran la apropiación desprejuiciada y popular en la década del 80 de la otrora playa señorial”, años marcados por el pasaje de la dictadura a la democracia. Su visión de la ciudad se organiza a través de los grupos o tipologías sociales ya predominantes en aquella época, “las familias, los jóvenes, los veraneantes desprevenidos… Estas imágenes, no exentas de ironía y humor, exhiben los hábitos propios de la temporada veraniega”.

Alberto Goldenstein, por su lado, documentó la ciudad en el contexto de la crisis política y económica de 2001. “Su serie está compuesta por imágenes disímiles que construyen un complejo retrato de Mar del Plata en el que conviven sus contrastes más notorios. Desde lugares desiertos hasta playas superpobladas, desde vistas panorámicas espectaculares hasta rincones o hallazgos urbanos casi imperceptibles, de la arquitectura clásica de los chalets a las grandes torres de departamentos. Goldenstein sugiere así que Mar del Plata es también sus diferencias y contradicciones −afirma Duprat−. Sus obras, de una poética delicada y silenciosa en la que coexisten con gracia y sensibilidad lo extraño y lo familiar, evitan el lugar común y la grandilocuencia para, a través de un sutil corrimiento, posarse sobre lo inadvertido y lo imponderable”.

En la apertura de la exposición, Tristán Bauer, ministro de Cultura de la Nación, declaró: “quienes concurran a la muestra contemplarán estas obras que reflejan las miradas y la sensibilidad de los autores y la autora, y estoy seguro de que cuando salgan de allí, al dejar atrás el museo y sumergirse nuevamente en la ciudad, la redescubrirán, la verán con nuevos ojos, evocarán aquellos pasados y modificarán su percepción del presente gracias a la experiencia vivida”. Duprat agrega en su texto que “la pandemia ha introducido un punto de quiebre en nuestros modos de habitar el mundo cuya profundidad y consecuencias desconocemos. Este difícil presente tiñe las imágenes de la ciudad con un aura de paraíso perdido. Es el presente que cambia el pasado. Y Mar del Plata seguirá mutando infinitamente, no solo en la mirada de nuestros artistas sino en la de cada persona que la piense, la viva o congele un momento fugaz con su dispositivo móvil”.