Sebastián Gordín, en una exhibición tan grandiosa que desafía al mundo entero a que produzca otra de la mitad de su talla
Sebastián Gordín
Fundación Federico Jorge Klemm
06.04.21 | 20.05.21

El Premio Federico Jorge Klemm a las Artes Visuales se concede anualmente desde 1997 y correspondió en su XXII edición (2018) a Sebastián Gordín (Buenos Aires, 1969) por su conjunto escultórico Los malditos. Por la distinción, la obra ingresó a la colección patrimonial de la Fundación Klemm y, en abril de 2021, el artista exhibe una selección de sus últimos trabajos en la sala de exposiciones temporales de la institución. 

La muestra propone, desde su título, una alusión al universo circense, aunque “no precisamente a las grandes atracciones de la pista central sino más bien al sideshow y la menagerie que acompañaban a las figuras estelares” −explica la información que provee la fundación sobre Sebastián Gordín, en una exhibición tan grandiosa que desafía al mundo entero a que produzca otra de la mitad de su talla−. Las obras se distribuyen a lo largo de una plataforma blanca que se divide en dos en uno de sus extremos, como “una avenida que se bifurca”, según las palabras del artista. Gordín instaló allí un conjunto de piezas construidas durante el período de aislamiento preventivo social y obligatorio de 2020 debido al covid, momento en el que explotó –cuenta– “las posibilidades que me dieron materiales y objetos de mi colección para crear piezas que evocan mis primeras obras-objeto”. Aquí se refiere a la vasta producción de maquetas y esculturas que incluyen reconstrucciones en miniatura de antiguos cines, planos de Ciudad Evita o el Luna Park encerrados en cajas de madera y cristal. 

El primer lugar sobre la avenida lo ocupa Mi primera gran exposición (2020), una caja de madera terciada en cuya tapa se ve un extraño paisaje pintado, dos personajes apuntan con su dedo hacia adelante, aunque podrían también, en una geometría distorsionada, señalar un proscenio vacío por cuyas escaleras transita un grupo de figuras lejanas. Sobre el celeste del cielo se lee en letras manuscritas: “Invitado por una prestigiosa institución, recortes en el presupuesto llevaron a este artista a cambiar su muestra por un…”. La inscripción pone de manifiesto “las dificultades de asumir una producción de obras en gran escala y, a su vez –explica Gordín–, reafirmo la elección de trabajar en pequeño formato”. Le siguen otras obras en cajas de madera que se abren o pequeños grupos escultóricos sobre tableros, habitados −en algunos casos− por figuras similares a piezas de ajedrez, atravesadas por pequeños objetos metálicos o por elementos curiosos como, por ejemplo, una antigua caja de Poxipol (Retrato de un pintor moderno, 2020). En uno de los extremos, una mesa en miniatura cae sobre sus patas retorcidas, derrotada ante otro ejemplar de su propia especie, otra mesa, que se para sobre sus patas traseras y estira sus “brazos” en cruz, sosteniendo una pequeña lanza de bronce (Sangre y madera, 2020). Dos obras parecen despegarse del conjunto: ambas tituladas Galleta (2021) combinan en un calculado desorden letras caladas en aluminio, plomadas y anzuelos con alambre de alpaca. 

Para Mis piernas rojas mi sangre rouge (2020), una de estas cajas de madera, el artista convocó a Gaia Gordín, que suma un extenso relato escrito en letras plateadas sobre una hoja adherida a la cara interior de la tapa. La caja, abierta en sentido vertical sobre la avenida, está atravesada por un pequeño serrucho metálico; en su hueco, siete objetos se disponen simulando dos largas piernas rojas, un par de ojos, un torso y dos brazos (¿o serán quizá dos lágrimas cayendo por debajo de los ojos y el “torso”, una gran nariz de madera?). El texto de Gaia le da voz a ese “personaje”, que por su disposición alude a una mujer que se encierra en una caja para que un mago la corte a la mitad y luego salir ilesa. Entre otras cosas, menciona a “la muerte que se venga de la magia” o “esa burla a la muerte que es la magia”. Otra de las cajas, también negra, se titula Cuando la noche se detenga. Poema de Vanna Andreini. Complementa esta pieza una pequeña suite, Tobogania (ver+ info), que el compositor Pablo Dacal creó para esta ocasión, basado en el mismo poema. La partitura y la letra, así como el texto completo de Gaia, pueden leerse en las páginas del catálogo editado para la exhibición.