La pintura desnuda
Santiago Iturralde
Museo de Arte Moderno de Buenos Aires
27.02.20 | 31.05.21

Con curaduría de Laura Hakel, Santiago Iturralde (Buenos Aires, 1975) presenta La pintura desnuda en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. A través de sus obras, exhibidas por primera vez en un museo argentino, el artista investiga los elementos que componen la representación pictórica, incluyendo el espacio exhibitivo. En la muestra, los cuadros cuelgan sobre paredes pintadas de un verde “oscuro y afelpado” –así las describe el mismo museo− en alusión a los salones de pintura del siglo XIX, cuyos muros nunca eran blancos. El empleo del color propone en este caso “un espacio profundo, íntimo y [que] nos ayuda a perder ese límite entre lo que vemos y lo que nos rodea”.

Las pinturas de Iturralde reflexionan −prosigue el museo− “sobre la manera en la que nos relacionamos en la actualidad con el arte”, abarcando “desde las formas de consumir y producir imágenes, o el uso de la tecnología y la información para acompañar a las pinturas en los museos, hasta la reproducción masiva de imágenes de las obras que circulan en las redes sociales e internet”. El artista procede, en principio, a detenerse en detalles: “en lo más pequeño y sutil ─cómo la luz se convierte en color en las formas que pinta, o cómo las sombras de los marcos inciden en la imagen que vemos”, pero sus imágenes se expanden y “llega hasta lo más amplio y envolvente ─el espacio de exposición e incluso la actitud de los visitantes frente a las obras─… Su mirada refleja todos los aspectos de la gramática de la representación, dando un mismo valor analítico a las obras y a su contexto”. En piezas de formato panorámico como La pintura se rebela ante la naturaleza (2019), pinta el interior de uno de los grandes museos internacionales donde se exhiben obras canónicas del siglo XX. “Sus obras dentro de otras obras y sus retratos de espacios de museos –dice la curadora– forman parte de una arqueología de la representación de la que emerge la pregunta sobre qué significa la pintura, cuál es su lugar en la mirada contemporánea y, en definitiva, qué es ser un pintor hoy”.

Más que un catálogo, un ensayo de Eduardo Stupía precede y presenta las imágenes de las obras en un libro editado por el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires que documenta la exhibición

 (ver+info: museomoderno.org/libros/santiago-iturralde-la-pintura-desnuda/). En diálogo con el artista (ver + info: www.youtube.com/watch?v=b31TGhZ46H8), Stupía destaca que sus piezas se detienen a observar “el modo perceptivo de la pintura” y cómo este “depende también del escenario donde los cuadros, en tanto objetos, están colocados y del modo en que se colocan… el dispositivo es la pintura, uno tan peculiar que acciona sobre el objeto que escudriña examinándose a sí mismo. En su versión del cuadro frente al cual se ha detenido, tienen idéntica importancia la plasmación de la imagen del lienzo, del marco ornamental, de los carteles informativos, de la sombra del cuadro sobre el muro, del color y la superficie de este”. Es decir, Iturralde procede a pintar para examinar determinadas piezas de la historia de la pintura que han generado su interés, y las observa y representa en su contexto exhibitivo. El procedimiento implica pintar el acto mismo de observar, en el que se examina a sí mismo como observador y como pintor. Realizó con este sentido un autorretrato (El duelo, 2013) y pintó con gran detalle su propio lugar de trabajo, en el que se ve una pintura del propio estudio (El principio, el fin y otra vez el principio, 2013). Iturralde imagina y pinta bocetos de obras ajenas, como es el caso de La vigilia es una traducción del sueño (2019), una versión supuestamente inconclusa o bocetada de Autorretrato sobre manzana (2019), basada a su vez en Ceci n’est pas une pomme (ca. 1964), de René Magritte. A propósito de estos procedimientos, Stupía distingue la obra de Iturralde de “la genuflexión copista” y de “la fascinación iconográfica” y afirma por el contrario que “su ojo es crítico e investigativo, su prolija seriedad es documental y su toma de posición, una opción casi científica que extrae su sentido último y su cualidad verdaderamente interrogativa no solo de una búsqueda basada en premisas teóricas sino también de la examinación empírica del dilema que él mismo se ha planteado y encara según el fértil lirismo del puro artefacto pictórico”.