Réquiem
Rubén Baldemar
Barro
20.02.21 | 23.04.21

La galería porteña Barro cuenta con un espacio especialmente destinado a la experimentación curatorial, al cual denomina Cámara. Joaquín Rodríguez, editor al cuidado de él, aspira a “encontrar nuevas formas para la circulación de las artes visuales, buscar posibilidades de superar las distancias y proponer seguir incorporando a la historia del arte argentino experiencias artísticas desarrolladas fuera de la Capital Federal”. Rodríguez tuvo a su cargo la organización de Réquiem, que reúne una selección de seis piezas de Rubén Baldemar (Rosario, 1958-2005) realizadas entre 1995 y 2004 y contó para ello con la colaboración de la galería Subsuelo de Rosario.

La galería rosarina creó en 2017 Proyecto Baldemar con el fin de recuperar la figura del artista, catalogar y restaurar su cuerpo de obra, no solo desde una perspectiva historiográfica, “sino también… desde una óptica estético-discursiva. Una mirada forjada a la luz de los parámetros culturales del presente”, manifiestan el artista Mauro Guzmán y la curadora Nancy Rojas, quienes escribieron conjuntamente el texto que acompaña la muestra. Además de ellos, integran el proyecto Daniel Andrino, Daniel Pagano, Norma Rojas y Paulina Scheitlin.

Cuatro de las piezas en la exhibición de Barro corresponden a la serie de esculturas “Mutt”; otra obra, también escultórica, a “Autorretratos” y, finalmente, un acrílico sobre lienzo, a “Heráldica”. Rojas y Guzmán describen la primera como “una serie compuesta por pequeños urinarios y un relieve de pared, a los que originalmente [Baldemar] pensó a partir de una idea central: el mingitorio y su ‘devenir en la fuente de [Marcel] Duchamp’ [en referencia a la obra Fuente (1917), firmada como R. Mutt]”. Citan también un breve statement del artista en que vincula estas piezas “con problemáticas que giran en torno al machismo, la confrontación, el reconocimiento de los referentes estéticos y cierta marginalidad que ronda, ya convertida en leyenda urbana, en torno a los baños públicos”. El Escudo N° 1995 (2004), de la mencionada serie “Heráldica” –que conformó su última muestra−, ocupa el centro de una de las paredes perimetrales y consiste en una versión en clave paródica del Escudo de la República Argentina. En la versión de Baldemar, en el lugar de la pica se encuentra una banana; en vez del gorro frigio, hay un sombrero de paja y, en los bordes con forma de elipse se ven hojas de banano y de cannabis. En el extremo superior, el sol asoma con pupilas llamativamente dilatadas.

La escritora Beatriz Vignoli cuenta  (Ver + info) que un bastidor que el artista “encontró tirado… le inspiró un escudo y marcó la forma oval recurrente” en esta serie, en la cual “se animó a pintar una cucaracha vista desde abajo que resumía con negro humor el sentir general de la post crisis: estábamos peor que Kafka”. Y cita a la artista Xil Buffone al decir que «[Baldemar] tropicaliza los íconos patrios». Rojas y Guzmán observan un vínculo entre mingitorios y escudos: “En ambos hay un usufructo de lo simbólico, pero de un modo estrictamente concreto, donde el artista prefiere apelar a la síntesis extrema antes que al barroquismo polimórfico y anacrónico para crear su propia matriz conceptual”, mientras que el urinario es definido como “un ‘objet trouvé’ de semántica escatológica que la historia y el mercado del arte internacional han considerado como el emblema superior del arte moderno. En ambos conjuntos y en cada una de las pinturas y objetos que los componen, estas insignias aparecen reproducidas potencialmente al infinito, transfiguradas o incluso trasheadas”. En el otro extremo de la sala, un busto al estilo romano con la inscripción “RB” sobre el hombro izquierdo y una corona de laureles dorados se apoya en un pedestal a la altura de los mingitorios y aparenta observarlos con ojos melancólicos. Se trata de un Autorretrato (2001) del artista realizado en masilla epoxi, aparentando el color y la textura de un mármol que brilla como si estuviera plastificado. “Baldemar recorrió la antigüedad pagana, la heráldica medieval, del renacimiento al rococó atravesando los modernismos del XIX y la experimentalidad de la vanguardia histórica… De igual modo, el collage se volvió una estrategia para provocar la descontextualización y recontextualización de elementos con linajes erráticos. Por esta razón toda su obra puede leerse en clave pop lunfarda y apropiacionista, con dosis justas de decadentismo decimonónico y ‘humor negro’”, explica la historiadora del arte Jimena Ferreiro en un texto publicado por la galería Subsuelo acompañando un portfolio del artista (Ver + info).