Aeiouh
Paula Castro 
Mite
07.05.21 | 19.06.21

Paula Castro (Buenos Aires, 1978) expone en Mite una selección de obras recientes. En una de las paredes perimetrales despliega una abundante producción de dibujos sobre papel y, en el interior de la sala, instala un conjunto de esculturas realizadas con el material más económico que pudo encontrar en un supermercado: virulana. Con estos medios, Castro establece un diálogo entre la tradición del arte moderno argentino y la propia realidad al momento del desarrollo de estos trabajos, la cual se evidencia en cada pieza, a través de sus fuentes y materiales. En su visión del arte, las obras en Aeiouh conforman “un laboratorio doméstico en una investigación constante que no pretende descubrir nada ni llegar a ninguna conclusión”.

Cuenta la artista que, “sin necesariamente ser algo destinado a mostrar”, comenzó “a copiar… las pinturas que aparecen en las enciclopedias de arte argentino: dibujos de pinturas”. Las versiones que Castro traza de esas obras ya clásicas, que comenzaron en birome y luego continuaron con tinta china en barra, guardan diferentes relaciones de similitud con las originales, por momentos se reconocen, pero en otras ocasiones parecieran quedar en un pasado invisible. “Después me extendí a los fascículos coleccionables −cuenta−. Aparecen los del Banco Velox y descubro que ese banco se fue del país tras su quiebra un año después de terminar de imprimir su proyecto Cultura para todos (2001) dejando varias familias en la calle. Hay registros en YouTube de personas con carteles que dicen «Me robaron el futuro»”.

Castro se propone a su vez probar la hipóstesis de que toda superficie puede ser utilizada como soporte para la pintura. Comienza entonces a ensayar con virulana como lienzo. “Se empieza a oxidar y le voy poniendo más capas [de pintura]. Me gusta la virulana porque me parece un material bastante hostil, y eso me hace pensar en nuestra historia y todas las pinturas que estuve mirando en los fascículos (las que no son de floreros y algunas de floreros también)”. Su procedimiento incorpora después otros materiales del entorno doméstico. “Más adelante –prosigue− empiezo a copiar (usar de molde) algunos objetos del tacho de basura de reciclables… y aparecen [así] las primeras esculturas de virulana con objetos/basura de uso cotidiano”. Con el tiempo, los catálogos del Banco Velox comienzan a funcionar también como soporte de algunas piezas.

A partir de ese momento las fuentes para los dibujos se amplían y abarcan “todos los libros con imágenes que tengo cerca”. Se basan entonces en obras de artistas modernos argentinos como Juan Del Prete, Raquel Forner, Juan Grela, Alfredo Lazzari o Yente, pero también en las pinturas y dibujos de pacientes psiquiátricos compilados en Insania pingens, reproducciones de L’Art Brut, obras del Grupo CoBrA, la Nueva Figuración, Resistencia, un “registro impreso de la cultura punk rock subterránea”, y otros fanzines, además de las decoraciones de una casa del Delta y los muebles de caña que hereda de un consultorio que cierra. Mientras trabaja, Castro descubre un vínculo entre estas imágenes aparentemente encontradas al azar: piensa “que es difícil aprender a dibujar como un niño sin preconceptos. Pero que el arte argentino es un niño en comparación a la historia del arte europeo. Sin tradición, liberados del pasado (primer pensamiento sin virulana)”.

En un procedimiento que va escalando en complejidad, Castro selecciona imágenes y objetos de su entorno y los transforma en materiales de producción artística. Visibles o no, todos los elementos (las reproducciones, la virulana, los reciclables, los muebles y la historia del arte) continúan presentes en cada una de las piezas y, aunque la función ha variado, siguen actuando. Las esculturas de virulana, por ejemplo, combinan pintura y óxido mientras “reposan” sobre elegantes bases de acrílico transparente.

A propósito de este grupo de obras, de su relación con el entorno y de ese mismo entorno con su propio pasado, la artista traduce un poema de la ignota escritora beatnik Loring Hughes. Su traducción –dice− es “mala”, acaso porque se distancia de lo que sería una versión literal, en una estrategia similar a la que opera en sus copias, que se alejan visualmente de los originales o en los materiales que emplea, los cuales cumplen aquí una función diferente de la convencional. En este caso, altera también el título, eligiendo realidad trepadora:

Cuando la realidad llamó a mi puerta
Dije: ¡Andate YA de acá!
No lo hizo, y me dijo:
Estoy aquí para quedarme,
te guste o no.
SOY INVISIBLE
No puedes verme
Pasás a través mío
Pensás a través de mí
Y mirás hacia atrás,
En una niebla de densa confusión
con todas tus preguntas sin respuesta
(…)