Ojo de cabra
Nina Kovensky
Fundación El Gran Vidrio
06.11.20 | 12.02.21

Con curaduría de Carla Barbero, Ojo de cabra reúne en El Gran Vidrio una selección de fotografías, objetos e instalaciones recientemente producidas por Nina Kovensky (Buenos Aires, 1993); ensaya aquí diferentes formas “alrededor de su curiosidad por la percepción y la creación de imágenes” −informa la galería−, sobre todo a partir de los dispositivos tecnológicos personales de uso cotidiano y constante. En su serie “Selfins” (2019-2020), neologismo que combina los términos “selfie” e “infinito”, por ejemplo, utiliza un espejo y las cualidades físicas de este para asumir un juego de reflejos y derivas de la luz que le permite “recrear vínculos, atmósferas urbanas y una cartografía simbólica personal”.

La muestra comienza con una selección de 52 retratos fotográficos −entre los más de setecientos que conforman la mencionada serie−, tomados con cámaras de teléfonos celulares. Aquí vemos retratos de amistades, familiares, colegas y personas desconocidas, cuyos rostros aparecen reflejados en espejos circulares. Las fotos, de las mismas dimensiones, impresas en color, y cada una enmarcada, forman una larga línea recta a lo ancho de una de las paredes de la sala y dejan entrever las características de “lo efímero y colaborativo” que recorre el trabajo de Kovensky. “‘Selfins’ [en particular] propone acercar el lado lunar de las personas y aún más, también cristalizar la red de afectos, reflejos y contextos que forman su gran sociedad del arte vivo”, destaca Barbero en el texto curatorial.

A continuación, Sombra selfie (2018) representa el gesto de una mano y un teléfono celular en el acto de tomar una selfie. En este caso, la obra está impresa en blanco y negro sobre papel afiche. Sin enmarcar, se encuentra adherida directamente a la pared, superpuesta a un gran cuadrado negro pintado que funciona como fondo. La pieza propone un contrapunto respecto de las imágenes de la serie anterior, en la que cada rostro ocupa la centralidad del cuadro.

Más adelante, 27 espejos de diferentes tamaños con dibujos calados sobre su superficie conforman la instalación Pulmón de manzana. La obra se ilumina mediante un circuito de luces led programadas para variar su intensidad mientras suena la música que Tomás Arun Di Tella compuso especialmente para acompañar la exposición. La vista de un pulmón de manzana desde el balcón de la artista da origen y presta el nombre a la obra mientras “encarna la analogía pantalla-ventana tan protagónica de nuestros días. Al mirar desde su balcón cada noche [Kovensky] presenció la secuencia de las luces de las ventanas de lxs vecinxs de su barrio, sus colores y escenas. Sin embargo, lo que ella recupera de esa visión es la temperatura del color y una desviada idea sobre el horizonte. Como portales, cada dibujo unido a un conjunto mayor construye un dinámico paisaje simbólico” −amplía Barbero−.

Otro de los muros despliega Realidad disminuida (2018), una instalación que la artista define como “un conjunto indefinido de cámaras de vigilancia realizadas una a una reciclando espejos”, aclarando que “cada pieza tiene un diseño diferente”. En El Gran Vidrio, la instalación cuenta con quince esculturas de espejo y metal, cada una apuntando en una dirección distinta, que parecieran, en conjunto, estar “sobrevolando la sala” −describe la galería−. La obra se presentó en el stand de El Gran Vidrio en Barrio Joven de arteBA 2018 y obtuvo el Premio en Obra. “Fue expuesta por primera vez bajo la intención de referirse a la paranoia y el control social. En este nuevo contexto, y con un montaje diluyente de las funciones a las que aluden, las cámaras finalmente se abren hacia la paradoja. Un cielo tech con insectos voladores [las cámaras] que sobrevuelan una sociedad narcisista y en cuarentena. Cada bicho brillante nos devuelve la mirada, la apariencia se exilia de la importancia”, observa Barbero.

Autorretrato, una bola de boliche espejada de 60 centímetros de diámetro intervenida con dibujos trazados con torno y esmalte de uñas, se ubica detrás de una puerta en medio de un pequeño espacio oscuro que se abre al fondo de la sala principal. La obra se ilumina con las linternas de los celulares de visitantes, quienes de a poco van descubriendo los dibujos sobre cada uno de los pequeños espejos, así como el movimiento de las sombras, los reflejos y las luces, elementos recurrentes en el trabajo de la artista y que proponen un acercamiento lúdico y participativo.

Respecto del título de la exhibición, Ojo de cabra, y del interés en observar cómo los dispositivos tecnológicos transforman a sus usuarios y usuarias, Kovensky comenta: “los ojos de las cabras tienen pupilas rectangulares, también rotan como un nivel, siempre paralelas al piso. Ellas tienen un rango de visión horizontal, no les interesa mirar al cielo porque nadie vendrá a atacarlas desde ahí. Me identifico con sus ópticas herbívoras. En principio me llamaron la atención sus ojos, algún día podrían quedarnos así de tanto mirar los rectángulos de nuestros celulares” (Demian Orosz, “La muestra de Nina Kovensky: Cámaras, espejos y vigilancia”, La Voz, 03.01.21).