Recipientes y gatos
Mayra vom Brocke
Pasto
02.05.20 | 26.09.20

Mayra vom Brocke (Buenos Aires, 1991) presenta en Pasto (ver + info) Recipientes y gatos, su primera muestra individual. La exhibición reúne veinte pinturas de producción reciente, que cuelgan en la sala casi suspendidas; en realidad, sujetas por barrales atornillados al techo. Son piezas de diferentes dimensiones: el conjunto combina pequeñas naturalezas muertas en torno de recipientes vacíos con escenas más amplias que involucran a uno o más gatos apoderándose de espacios públicos o privados, aparentemente vacantes, aunque visiblemente construidos para la circulación o vivienda de las personas. Una pintura Sin título (2019/20) que forma parte de la muestra quedó seleccionada en la edición 2020 del Premio Fundación Andreani y, en 2019, Vom Brocke obtuvo por su participación en la Bienal de Arte Joven una distinción para asistir a una residencia internacional de artistas en el centro Hangar, en Barcelona.

Como describe Bárbara Golubicki, a cargo del texto que acompaña Recipientes y gatos, la artista crea “un escenario incómodo y mórbido”, pintando espacios aparentemente abandonados por el ser humano. La autora asocia las imágenes en las pinturas con un gato propio que murió con apenas 3 años por rechazar el alimento. Sorprendentemente, en el último día de su vida, el animal “se levantó y empezó a saltar, a correr de un lado al otro de la habitación”, haciéndole pensar, brevemente, en una recuperación. Vom Brocke pinta felinos en situaciones violentas, de iluminación tenue, en las cuales despliegan esa euforia o mejoría que precede a la muerte: “se retuercen sobre autos, saltan molinetes endemoniados, vomitan, toman nuestra cerveza, vuelan y se mimetizan con un murciélago lanzallamas, despedazan pajaritos, se lamen, se relamen, despliegan paletas extrañas”, sigue el texto. Esas obras en que predomina la tensión y ferocidad conviven en la sala con imágenes que se concentran en recipientes rodeados por paredes, zócalos, fuegos, o brillos en que se adivinan los restos de una existencia hogareña y, en apariencia, controlada. El texto se refiere a ellos como “bodegones elegantes que no hacen más que estar ahí, a la espera, como signo de una domesticidad cuya presencia encarna un contrapunto”.