La vida es cualquier cosa
Martín Salinas, Braian Pink
Gachi Prieto Arte Latinoamericano Contemporáneo
12.09.20 | 24.10.20

Martín Salinas (Buenos Aires, 1977) presentó su segunda exposición en Gachi Prieto.  Bajo el título La vida es cualquier cosa cuelga en las paredes perimetrales una selección de óleos sobre tela en pequeño formato que registran “lo cotidiano y las relaciones aleatorias que surgen entre lo que se ve, lo que se lee y lo que sucede en el plano de la pintura” –dice la galería−. A la vez, sobre una gran mesa, en el medio de la sala, despliega un conjunto de piezas en cerámica firmadas por Braian Pink, seudónimo compartido con la artista Lorena Fernández (Resistencia, 1974) para los trabajos que desarrollan conjuntamente.

Silvina Pirraglia, a cargo del texto que acompaña la exhibición, compara las pinturas en La vida es cualquier cosa con el género diario íntimo: “despreocupado de las formas y una práctica de la escritura que acompaña y apuntala la vida”. Del mismo modo, la autora se refiere a los sketchbooks y a los cuadernos de artistas como “aquellos asilos o pequeños laboratorios portátiles donde se ensaya lo que a posteriori podría convertirse en obra; soportes donde se construye pensamiento alrededor del oficio y la creación artística; donde se vuelcan referencias, impresiones del entorno, estados de ánimo”. Las pinturas –sigue Pirraglia– “conservan esa condición procesual e inestable del diario o cuaderno de artista”. Salinas, que es también arquitecto, trabaja con citas de libros, de conversaciones o de detalles visuales que en la vida cotidiana llaman su atención. En las imágenes pueden aparecer patrones ornamentales y motivos florales clásicos, pero también vasijas y escenografías extrañas, “fuera de todo orden, con cortinados, bordes con formas onduladas como de repostería” o retratos de personajes imaginarios, acaso los habitantes de aquellas raras arquitecturas.

Con respecto a las piezas en cerámica, cuenta Fernández que en su origen se encuentra el deseo de “hacer algo juntos [con Salinas], algo que nos convocara a los dos. Muchas de las maquetas que él hacía en un momento eran muy parecidas a las fotos que yo trabajaba. Hacíamos lo mismo en formatos distintos” (la cita pertenece a Pirraglia). La artista trabajó en su obra individual sobre la vida de una mujer  y el concepto de “heroína”. Ese personaje persistió en las obras de Braian Pink, cuyas piezas conforman una suerte de “ajuar ridículo de una heroína”: especies de jarrones que con el trabajo llegaron a convertirse en una espada, un escudo, un brazalete, una bomba, un miguelito. “Son armas y armaduras desplazadas de su función. Ambos [Fernández y Salinas] coinciden en que no podrían haberse gestado en la soledad de sus talleres o como ideas individuales. Son jarrones imperfectos, descontrolados, jarrones porque sí” −señala Pirraglia−.