Agua negra
Martín Fernández
Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson
12.03.21 | 27.06.21

Martín Fernández (San Juan, 1989) presenta Agua negra en el Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson (MPBA|FR), San Juan, con curaduría de Antonio Villa. En carbonilla o grafito sobre papel, el artista traza “espacios apagados, enmudecidos…, arquitecturas útiles o inútiles” −describe Emanuel Diaz Ruiz, director de la institución−. Las líneas dibujan salones, edificios y paisajes donde convergen “la arquitectura utópica, la ruina, o la idea de una cartografía resuelta en signos”.

La filósofa sanjuanina Cristina Póstleman, que suma un texto al catálogo de la exhibición, percibe las obras, en un primer momento, como una invitación a participar de “atmósferas intrigantes… planos delirados, intersectados, revestidos de una fastuosidad metálica. Luego –prosigue−, el recorrido deja lugar a una experimentación. Se trata, ahora, de la apropiación estética de los principios de la estratigrafía, la ciencia de los estratos. Una hipótesis nos sirve para transitar de uno a otro, los dibujos: un pacto entre el estrato geológico y el tecno-poiético ha sido sellado. La cuestión está en andar los trayectos entre el carbono y el diamante, entre el brillo y el estiaje”. En el mismo catálogo, la investigadora Julieta Massacese agrega que “hay dos operaciones de dibujo que parecen contrapuestas en la obra de Fernández. Por un lado, un trazo frío, calculado y preciso, que intenta devolver la luminosidad y la textura al propio material; la técnica preferida de esta estrategia es el grafito. Aquí el negro es sinónimo de elegancia, complejidad y sofisticación; todas las obras de Agua negra son monocromas y parecen afirmar que el negro también brilla e ilumina. El trabajo de la carbonilla, por otra parte, expresa la capacidad del material de iluminar por evasión: ilumina porque se detiene. Un universo en el cual la materia parece retirarse de sí misma para diferenciarse”.

Entre los contrastes del trazo negro y el papel blanco, el texto del curador imagina un origen geológico para estos espacios. “Repentinamente, un plegamiento desdibujó dentro y fuera. Fue un suceso sin nombre, ni precedente en sus efectos: antes y ahora extraviaron su capacidad de explicación, la orientación y las mesuras quedaron obsoletas. Los cómicos de la lengua y sus farsantes escaparon en exilio, eludiendo la boca de escena, el decorado, el telón y su garganta en sombra”. En el paisaje que describe Villa han colisionado templos y teatros, y el erotismo se dispersa sobre capiteles, parques y marañas metálicas. “¡Escaleras se convirtieron en espejos! ¡Puertas en muros impenetrables! ¡Selvas blandas en firme hormigón!”.