Estilo e iconografía
Manuel A. Fernández y Nicolás Martella
Quimera Galería
11.03.21 | 30.04.21

Con un texto de Pablo Schanton, Nicolás Martella (La Plata, 1978) y Manuel A. Fernández (Buenos Aires, 1976) presentan en Quimera Estilo e iconografía, título que toman prestado del libro del historiador del arte polaco Jan Bialostocki. En la muestra, cerca de la entrada, los artistas han situado una fotografía de la primera página fotocopiada de un ejemplar con los sellos de una biblioteca pública. En las demás paredes de la sala cuelgan diez impresos en inkjet en gran formato. Para su realización, Fernández y Martella escanearon reproducciones de obras de arte famosas, tal como aparecen en las fotocopias que utilizan los y las estudiantes de carreras de orientación artística. La exposición incluye diez obras, que son copias únicas, de un grupo de más de cien imágenes compiladas en los centros de copiado de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) y de la Universidad Nacional de las Artes (UNA).

“Pasaron tardes enteras recortando, analógica tijera mediante, las reproducciones de obras más o menos famosas. Esa circulación universitaria, portable y clandestina de discursos interrumpidos –dice Schanton citando a la vez un título de Walter Benjamin−, huérfanos de sus libros-madres como de su origen, va gestando lo que Roland Barthes bautizó como ‘endoxa’. Es decir, la lingua franca local de la facultad que sea, donde finalmente todes compartirán un sentido común”. ¿Pero qué sucede cuando esa lingua franca se constituye de imágenes? Imágenes, vale aclarar, que estudiantes de diversas generaciones han intentado descifrar más allá de las distorsiones xerográficas. Schanton repasa en su texto las exploraciones del Copy Art, que insistió en fotocopiar hasta la misma página en blanco, experimento que llevó a cabo uno de los integrantes de la banda de rock local Reynols, que “repitió el proceso varias veces hasta que la fotocopia de la fotocopia salió toda entintada”. El texto menciona especialmente la obra Die Photokopie der Photokopie der Photokopie der Photokopie (1967) de Timm Ulrichs, adquirida en 2018 por el Centre Georges Pompidou, y remarca: “incluso las reproducciones técnicas menos respetuosas del original pueden atesorar aura y cotizar en el mercado tarde o temprano”.

Fernández y Martella ya no experimentan con la copiadora, sino con los “monstruos” –el término pertenece otra vez a Schanton− que produce y “enfocan su interés en la fotocopia como tal”. Con gran resolución, escanean, amplían e imprimen las imágenes que obtienen de la pesquisa en los centros de copiado. El resultado es monocromo y exhibe principalmente las texturas analógicas, “pre-pixel”, además de los bordes blancos o negros que aparecen en algunos casos, las franjas que dividen la imagen por la mitad cuando se copian impresiones a doble página, entre otras distorsiones. En una de las piezas se adivinan por debajo de una espesa textura de líneas grises las ruinas de Stonehenge. En otra, el huevo de Federico Peralta Ramos (Nosotros afuera, 1965) se disuelve en una gran mancha negra. Los Girasoles (1888) de Vincent van Gogh aparecen entre una trama cuadriculada que remite visualmente a ciertas técnicas de bordado mientras que La isla de los muertos (1880) de Arnold Böcklin se divide en dos partes desiguales, atravesada por una franja blanca. Un bar del Folies-Bergère (1882) de Édouard Manet se transforma en puro contraste de blanco contra negro, cambia su encuadre y está coronado por una gruesa franja negra sobre el borde superior, para citar solo algunos ejemplos. 

En su intento por reconstruir una obra a través del entramado xerográfico, la mirada estudiantil se esfuerza por traspasar esa interferencia y acceder así, aunque sea imaginariamente, a la apariencia “verdadera”, al original. Fernández y Martella, en cambio, se detienen en el paso anterior, y en su procedimiento, observan la imagen fotocopiada como si se tratara justamente del original. A través de modernas técnicas digitales, amplían los detalles de la imagen fotocopiada para que se hagan visibles: reproducen los contrastes, las rayas, los encuadres, y los errores en general. ¿Serán esos los detalles que constituyen nuestra lingua franca de imágenes?.