Los doce y Saturno
Lola Orge Benech
Selvanegra
17.03.21 | 30.04.21

Selvanegra invitó durante los meses de enero y febrero de 2021 a Lola Orge Benech (Córdoba, 2000) a instalar su taller en el espacio de la galería. Bajo un título que alude directamente a los doce signos del zodíaco, Los doce y Saturno, la artista presenta los resultados de su trabajo, que son también “las formas materiales en las que se volcaron sus experiencias” −explica la galería− durante un verano en el que recolectó por las calles elementos que luego diseccionó y ensambló, dándole forma a dibujos y pequeñas esculturas inspiradas en sus propios sueños, que combinan escrituras poéticas y vinculaciones astrológicas. Orge Benech parte de ilustraciones lineales que traza con tinta, imágenes que luego vuelca, desde lo bidimensional, al espacio. En su trabajo fusiona disciplinas y materiales, construyendo microuniversos que forman símbolos complejos mediante elementos simples como piedras, telas, papeles o fragmentos metálicos, cosas que perdieron su función, que va recolectando para después unir con ramas, flores y semillas. Sus obras “conforman una lectura del presente atravesada a la vez por el dolor y el placer” −sostiene Selvanegra−.

“El proceso de recolección de los materiales sucede todos los días todo el tiempo −cuenta Orge Benech−. Intento practicar el estar atenta al entorno, prestar atención a lo que me rodea. Cuando viajo presto especial atención. Los objetos aparecen y cuando los miro me cuentan una historia, y me los llevo a casa. Antes de la pandemia, al tener familia repartida, siempre exploraba diferentes escenarios y paisajes. Cada objeto tiene para mí una carga diferente que depende del lugar donde fue encontrado; una piedra de las sierras, una raíz del Litoral, una concha de la península Valdés o una ramita de Boedo. La ciudad me presenta posibilidades de objetos a encontrar mucho más industriales e intervenidos. Sin embargo, siempre sorprenden”. 

Para la obra Fénix, por ejemplo, utilizó tres flores que encontró en un cordón de la ciudad. Eran de un color anaranjado intenso y, al observarlas, la artista asegura que “parecían mariposas gigantes”. Al colocarlas más tarde sobre una mesa, notó que conformaban un ave fénix. “Con un pimpollo de jazmín le di una cabeza, y comencé el trabajo de endurecimiento. Me interesaba congelar, por un rato, ese proceso orgánico que iba a sucederle a la planta aún fresca, perder humedad hasta volverse polvo. Las guardé en un libro por algunos días para evitar que se plegaran y… luego las cubrí enteras con varias capas de barniz, que las endurece y las preserva”. 

Con respecto a Cupidito de la resistencia, Orge Benech recuerda haber encontrado “su cuerpo-raíz en las sierras de Córdoba. Él ya era así, solo le faltaban sus alas: un pastito seco de las calles arenosas de las afueras de Santa Fe, y su cabeza: un caracol minúsculo del sur. La flecha que sostiene entre sus muchos brazos está modelada con una masilla. La porta así, sin arco, porque no lo necesita”. 

Sonrisa y tristeza o Piacere y dolore, otra de las obras, está hecha con hojas de lo que la artista supone que es una higuera que crece en una acera de la Avenida Scalabrini Ortiz, cerca de Selvanegra. “En el recorrido que hago caminando desde la galería a mi casa, siempre me cruzo el árbol gigante y sus hojas que me parecen increíbles. Un día me llevé dos que pude alcanzar”. Ambas están barnizadas al dorso para fortalecer la estructura conservando su textura, de frente. “Sus ojos –continúa- son raíces de la hierba mil hombres, que antes se tomaba para las articulaciones, y sus bocas, racimos de uvas”.