Chistes patrios
Laura Códega
Mite
26.11.20 | 13.02.21

Laura Códega (Campana, 1977) presenta en Mite diez pinturas y dos objetos escultóricos de su serie “Chistes patrios”, que comenzó en enero de 2020 y prosiguió durante el año. Las obras conjugan un trasfondo “entre tanguero y televisivo” –dice la artista, con elementos de pintura surrealista y cubista para construir una reflexión sobre las décadas del ochenta y noventa en la Argentina y una identidad nacional que se reconoce entre los rasgos monstruosos de sus personajes–. Los colores de la bandera argentina aparecen de forma diversa en casi todas las obras, otorgando a la serie una unidad deliberadamente arbitraria.

La exposición comienza con La patota de Chacarita, óleo sobre restos de un pantalón de jean, abierto y clavado sobre una de las paredes. En uno de los bolsillos permanece el logo de “motor oil” en las letras metálicas originales, una marca prestigiosa entre adolescentes de las dos últimas décadas del siglo XX. La patota, en este caso, representa al grupo, lo “popular” que se opone –al menos en su forma– a la figura única del poder. Una cinta con los colores celeste y blanco cuelga de la entrepierna. En Funcionario Bajando la Escalera puede leerse una alusión al Nu descendant un escalier n° 2 (1912) de Marcel Duchamp, aunque aquí la figura desnuda, en su descenso, se transforma en un político de rostro siniestro y extrañamente tranquilo. La cara, pero sobre todo la cabeza, representa para Códega “el lugar donde se toman decisiones; el órgano rector”. Los colores de la escalera coinciden con los de la bandera argentina.

Dos acuarelas sobre papel, El Noticiero #1 y El Noticiero #2, hacen referencia a un mundo tecnológico de dispersión informativa en que la televisión equivale a “un famliar; porque en mi casa siempre la tele estaba prendida en el canal de las noticias en la mesa del almuerzo”. En diálogo con la artista, el sociólogo Juan Laxagueborde observa que “El Noticiero está adornado por guirnaldas de la bandera argentina y asediado por unos emoticones reventados, con largas narices rojas, jugando con la idea de ‘mentira’”. Estas dos pinturas condensan además otros elementos que se encuentran, con variaciones, en el resto de la serie: la risa, el suceso histórico y las narices largas y rojas, las formas grotescas, el amontonamiento escalonado y una cabeza central como núcleo de una identidad monstruosa que los símbolos patrios no logran normalizar. En El Gorro Frígido aparecen los mismos elementos: la obra se focaliza, por un lado, en los símbolos patrios y, por el otro, se apoya en una idea de “malentendido” que se constituye “en oposición a una forma única de entender las cosas” (Códega).

Los marcos plateados de ambos Noticieros se diferencian de las varillas de madera oscura que bordean a Las contadoras sexis se van de vacaciones, cuyos tonos grises se combinan con el marrón oscuro y discreto del marco, sin la presencia, en este caso, del celeste y blanco. Sí se observan los rasgos cubistas en el trazo de los cuerpos, la acumulación escalonada y la presencia dibujada de los dispositivos tecnológicos. El “centro” se entiende en esta obra como referencia topográfica, presente en la asociación del trabajo administrativo a una localización céntrica del contexto urbano, en coincidencia con el espacio del poder y de la toma de decisiones; “un concepto actualmente en crisis” −acota Códega−. Este espacio equivale anatómicamente a la cabeza y a la “cabeza parlante” que anuncia las noticias o da testimonio en la imagen televisiva. Retrato Patriota, óleo sobre tela, cuenta para el enmarcado con varillas doradas, que le otorgan un aspecto ceremonial. La bandera aparece aquí como banda y bastón presidenciales atravesando la imagen a la altura del pecho del personaje.  

Sobre un pedestal se levanta Descorche y Desconche, un collage en que Códega pegó una caricatura de tapa de la revista Sex-Humor de la década del noventa sobre un gran botellón de champagne –como si se tratara de la etiqueta−, coronada por una pelota de fútbol. De la superficie del balón sobresalen corchos y tapitas metálicas que pueden, quizá, asociarse a la cabeza de la tradicional propaganda de Geniol. Firmada por Cascioli, la caricatura presenta un dibujo del entonces presidente Carlos Saúl Menem encadenado y apoyando sus labios sobre los de una exuberante rubia, la cantante Madonna, ataviada con parafernalia S&M. En lugar de burbujas que se desparraman sobre el vidrio de la botella se ven manchas en distintas tonalidades de rojo. En la sala se levanta un segundo pedestal con un “ensamble de objetos”, Sanata Patria: una guitarra se eleva sobre su aro con el mango en dirección al techo, con una cabeza deforme de colores patrios incrustada en el brazo, dos CD de música grabada adheridos al fondo y con cuatro choclos envueltos en plástico transparente y la figura negra de un pequeño pájaro ubicados a sus pies.

En otro de los óleos, Influencias Españolas, se ve una franja diagonal en que se agolpa una muchedumbre de personajes monstruosos trazada en negro y coloreada en un celeste argentino. La franja está encerrada en sus bordes inferior y superior con el rojo y amarillo del pabellón español. Esta pintura reflexiona sobre las vanguardias europeas y su influencia en la producción local, pero también sobre la conquista de América, acerca de la cual Códega realizó una serie de trabajos que reunió en América negra y bruta en 2018. Cuelga de un borde del marco una cinta con los colores patrios a manera de cucarda. “Triste o felizmente –dice Códega−, según quién lo mire, los símbolos patrios, los símbolos nacionales, y no solo en Argentina, son un lastre de algo que está rancio y que tiene un tufillo a encierro. Es pesado. Ya nadie se los banca. Son ruinas, estandartes medievales”.