La bondadosa crueldad-León Ferrari 100 años
León Ferrari
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS)
15.12.20 | 12.04.21

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) de Madrid, el Van Abbemuseum de Eindhoven y el Museo Nacional de Arte Moderno Centro Pompidou de París, en colaboración con con la Fundación Augusto y León Ferrari. Arte y Acervo (FALFAA) de Buenos Aires organizaron La bondadosa crueldad-León Ferrari 100 años, la primera exposición antológica de León Ferrari (Buenos Aires, 1920-2013) en el continente europeo que permitirá preservar parte de su legado en instituciones de ese continente. Con curaduría de Fernanda Carvajal, Javier del Olmo, Andrea Wain y el equipo de FALFAA, la muestra propone comprender la obra de Ferrari como “un modo de mirar y de leer la historia de la cultura occidental −declara el equipo curatorial− como un desmontaje de las pedagogías de la violencia propagadas por la matriz bélico-religiosa de la historia de Occidente”. Reúne alrededor de 300 obras, entre ellas, una selección de collages, dibujos, esculturas, videos, uno de los Juicios Finales de su serie “Excrementos”, una instalación y 219 copias únicas y series donadas recientemente por la familia Ferrari para integrar la colección del MNCARS. A partir del 8 de mayo de 2021 la exhibición se presentará en Eindohen y posteriormente viajará a París, donde su apertura está prevista para abril de 2022.

El legado de Ferrari conforma un extenso repertorio de obras que exploran diversos materiales y lenguajes. Realizó esculturas e instalaciones, a la vez que plasmó en el collage su pensamiento y empleó estrategias conceptuales que le permitieron vincular el dibujo y la escritura. Su incesante experimentación con las formas visuales quería incitar “a detenerse, a conmoverse, a entender y a tomar posición”. Su obra propone componer y descomponer las retóricas visuales y discursivas del poder “con acciones de apoyo a diferentes causas que sostuvo hasta los últimos años de su vida, mostrando así la complejidad de su legado y su potencial crítico para responder a los desafíos de la sociedad actual”. En este sentido, la exposición “pone el foco en los retornos y reformulaciones de las problemáticas que le obsesionaron tanto en su vida como en su producción artística” −explica el museo−.

La muestra se organiza en torno a ejes conceptuales sin seguir un orden cronológico de creación. La estrategia apunta a subrayar que la obra producida por Ferrari en los años sesenta, sus primeros dibujos, collages, acuarelas, esculturas y su vínculo con la escritura y la poesía, deja ver “una zona de exploración donde se conjugan la experimentación formal, lo poético, lo conceptual y lo político, sin posibilidad de encasillarlo en una tendencia o estilo; [invitando] a desarmar la distinción binaria entre una fase abstracta y una fase política de Ferrari, ya que los dos polos están presentes de manera activa a lo largo de toda su trayectoria, con una singularidad propia”, continúa la explicación del MNCARS.

La muestra arranca con una sala que, bajo la denominación “La justicia y los juicios”, incluye, entre otras obras, el Juicio Final (1994), donada al museo, en la que se plantean los límites de la justicia terrenal y la divina. Los trabajos en este primer espacio fueron concebidos “para denunciar la apología de la tortura por parte de la religión y constituyen un dispositivo de co-creación en el que −explica el equipo curatorial− ‘es determinante la asociación entre las aves vivas y toda la serie de indicaciones en torno a su alimentación, digestión y defecación, y los colaboradores humanos: conservadores, restauradores o vigilantes de sala’”.

En “Laboratorio Ferrari” se exhibe su primera etapa de producción artística, que abarca desde finales de la década del cincuenta hasta principios de la del sesenta. Aquí pueden verse las experimentaciones que realizaba con compuestos químicos. “Es el momento en que explora el volumen, la escultura y la escritura como herramienta plástica, deformada para dar salida de manera oculta a sus primeros mensajes políticos, como sucede en Carta a un general (1963)”.

Ferrari investigó también con diversas tintas, pigmentos y las posibilidades del color en sus acuarelas, sobre las que hace aparecer las huellas de los collages iniciales, comenzando una sostenida práctica de recortar y reorganizar imágenes y palabras de otros: explora el lenguaje poético, la espacialidad del volumen y el dibujo que se mimetiza con la escritura. “En sus obras sobre papel las formas orgánicas y gestuales unas veces parecen abstracciones y otras aproximaciones a alfabetos legibles o indescifrables”, sigue el museo.

El espacio denominado “Arqueología religiosa de la violencia” incluye la emblemática La civilización occidental y cristiana (1965), en que el artista superpuso la figura de un Cristo de santería a la de un avión de combate estadounidense para producir una lectura de la guerra de Vietnam en que buscaba “interpelar a una sociedad que, según su criterio, se mostraba apática y naturalizaba la violencia”. Creada originalmente para participar en el Premio del Instituto Torcuato Di Tella en Buenos Aires, la pieza fue retirada momentos antes de la apertura de la exhibición.

Ferrari empleó técnicas de collage y reensamblaje de significados en numerosas obras. En su serie “Relecturas de la Biblia”, un conjunto de collages que comienza en 1985, introduce imágenes bélicas, pero también sexuales, de carácter científico y de la cultura pagana, “para reescribir iconográficamente los textos religiosos del Antiguo y Nuevo Testamento; aparece la crítica a la misoginia, la homofobia o el no placer femenino. La imagen de la bomba atómica se hace visible en varias piezas de la serie como materialización del infierno en la tierra”.

En el sector denominado “Ideas para infiernos” se pueden ver los objetos-infierno, a través de los cuales “critica la idea de una justicia divina, superior, no humana, pero lo hace utilizando el humor: con variados utensilios domésticos, baratijas y objetos de santería, expone a figuras religiosas a las torturas del infierno: santos de yeso dentro de una licuadora, o una virgen cubierta de insectos de plástico, conforman, según los comisarios, una serie irónica sobre la justicia divina. Todo ello refleja la idea del artista de que el verdadero infierno es la intolerancia y la fe ciega en ideas inamovibles; el verdadero infierno es mental, es vivir con la idea del castigo eterno”.

“Desafiar la realidad”, la siguiente sala, expone una serie de iniciativas colectivas de politización artística que alcanzan su punto álgido con la experiencia Tucumán arde (1968). Este sector incluye también su serie “Nosotros no sabíamos” (1976), compuesta de recortes de noticias aparecidas en diversos diarios argentinos que dan cuenta de la desaparición de personas, huellas cotidianas del horror expuestas a la vista de todos.

1492-1992 Quinto centenario de la Conquista integra también el patrimonio donado al MNCARS. La obra −que previamente se conoció con el título La justicia− conecta procesos históricos como la Conquista y la dictadura argentina para mostrar “la continuidad de una ‘violencia ilegítima’ que aparece cíclicamente y que la cultura y la barbarie van a menudo asociadas”. A mediados de la década del noventa el artista realizó su serie de collages “Nunca más”, “en la que expone el desahogo de su experiencia directa con el horror y viene a ilustrar la reedición en fascículos del Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) que circuló masivamente con el diario argentino Página/12”.

Otro de los apartados presenta una instalación sonora basada en la puesta en escena de Palabras ajenas −primer collage literario de León Ferrari realizado en 1965 y 1966 que fusiona temáticas políticas y religiosas en el largo diálogo imaginario entre más de ciento sesenta personajes−. Ferrari estructuró el texto como pieza teatral, imaginando una obra de diez horas de duración. Se llevó a escena por primera vez en 1968 en una versión reducida de una hora. En 2017 se presentó en el teatro REDCAT de Los Ángeles con realización de Ruth Estévez, José A. Sánchez y Juan Ernesto Díaz. La misma versión se representó posteriormente en la Universidad Nacional de Colombia, en el Museo Jumex de México y luego en el Reina Sofía, el 14 de abril de 2018.

La exposición finaliza con un espacio denominado “Modos de hacer/Ferrari inmaterial” que reúne “un conjunto de obras que desvelan un recorrido no cronológico por la biografía de León Ferrari, el espectador se enfrenta a una constelación de sus modos de hacer que visibiliza su trayectoria como una compleja trama entre arte, política y vida, a través de obras y documentos inéditos ‘rescatados’ de su archivo personal”. Este sector destaca dos episodios que producen quiebras y giros en el proyecto de vida de Ferrari. El primero ocurre durante un viaje a Italia, en 1952, en que su hija mayor se ve afectada por una meningitis tuberculosa. El segundo consiste en su exilio en Brasil a partir de 1976 y la posterior desaparición de su hijo Ariel, en febrero de 1977. A Ariel le dedicó en el año 2000 La bondadosa crueldad, un libro de poemas y collages que presta título a la exhibición. “A partir de estos hechos [biográficos] se despliega en esta última sala un archivo vital de acciones, reflexiones y estrategias que muestran la ingeniería íntima y afectiva de los modos de hacer que desarrolló dentro y fuera del campo del arte. Ferrari investiga sobre los pigmentos, las líneas o el metal con el mismo virtuosismo que estudia sobre farmacología para dar con la administración correcta de antibióticos para paliar la enfermedad de su hija, o reúne antecedentes para la causa judicial por la búsqueda de su hijo (…). Son procesos inmateriales que dejan huella en su trabajo material y expanden la mirada sobre el compromiso político y ético que marcó su vida y su obra”.