Ivanka
Jazmín López
Ruth Benzacar
23.11.20 | 08.01.21

En “Ivanka”, el nombre propio, convergen el apelativo más popular para las niñas nacidas durante la década del ochenta en la Unión Soviética y el de la hija del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, nacida en 1981. A finales de 2020, la “Ivanka” de Jazmín López (Buenos Aires, 1984) −así se titula su exhibición en Ruth Benzacar− abarca una serie de imágenes que se mueven entre la especulación capitalista, la cultura pop, el surrealismo y los ideales de las vanguardias soviéticas y del cosmismo ruso, que aspiraba a la inmortalidad de todos los seres humanos y a la conquista del espacio: instalaciones y collages dan cuenta de algunos detalles biográficos del personaje “Ivanka”, quien de manera misteriosa se ausentó o volatilizó , no sin antes experimentar con transfusiones de sangre para lograr la vida eterna, entre otros intentos de conquista del tiempo y del espacio. Solo quedan las obras, que funcionan en este contexto como “fragmentos” de la historia de su vida, que la artista reúne como si se tratara de restos arqueológicos para explorar el enigma de su ausencia. Ivanka toma elementos autobiográficos de la artista como pintora y como estudiante de cine y propone una experiencia a través de las obras.

Antes de acceder a estos fragmentos de Ivanka, la muestra comienza con una obra en video (Pseudo-Sentimental, 2020), montada en un dispositivo que simula el “totem” que instalan las empresas de seguridad en las entradas de los edificios. En este caso, enlazado con una cinta negra, como si se tratara de un regalo, y, en el rostro del personaje en la pantalla se reconoce a la artista. Claudio Iglesias y Patricio Orellana, a cargo de uno de los textos que acompañan la exhibición, explican: “A través del personaje de una vigiladora virtual, Jazmín recibe a lxs visitantes a la galería desde la pantalla, evoca las dimensiones de espectro, espectáculo y empleadx 24/7 (todo lo que pueden ser lxs artistas hoy en día)”. La poeta y arqueóloga Lucía Schwartzman escribió a propósito de las obras el segundo texto que complementa la muestra: un relato ficcional en primera persona sobre un viaje a las ruinas de la casa de Ivanka, en las afueras de Moscú, intercalado con extensos parlamentos entre comillas que parecen estar reponiendo la voz del personaje ausente.

A continuación del “tótem”, un telón blanco conduce a La trinidad con Almas en el purgatorio (2020), que escenifica una sala velatoria, ya que “la familia necesita despedirse a pesar de que no haya cuerpo” −asegura López−. A partir de este punto, las agujas del reloj con forma de candado sobre la pared avanzan hacia atrás. Sobre el muro adyacente, la corona de flores está marchita: pertenece al pasado. Sobre una mesita de vidrio, un teléfono fijo ha permitido –dicen− establecer un diálogo con Diego Maradona. Entre otros objetos, en la mesa ratona se abre una edición de Le Livre Des Médiums ou Guide des Médiums et des Évocateurs y un frasco de vidrio contiene un líquido rojo-sangre.

Luego de esta instalación concluye lo que la artista define como el “sector realista” de la muestra y, atravesando otro telón, se puede ingresar a la habitación de Ivanka niña (Yo soy un trabajador. ¿Qué es una mesa? (1), 2020) y observar algunos objetos que dejó atrás, como dos pares de anteojos de sol: uno con los motivos de la bandera estadounidense y otro totalmente negro, como para usar durante un período de luto. Un marco encierra una radio con forma de ametralladora (Yo soy un trabajador. ¿Qué es una mesa? (2), 2020), similar al arma con que Anne Wiazemsky apunta a Jean Pierre Léaud en La Chinoise (Jean-Luc Godard, 1967, ver + info: www.pagina12.com.ar/263981-la-chinoise-de-jean-luc-godard). Como fondo funcionan los estantes de una biblioteca cubiertos con ejemplares del Libro Rojo de Mao. “Es un juguete de Mattel” −afirma la artista refiriéndose a la radio− y entonces el maoísmo de la película queda indisolublemente asociado a la imagen de Barbie, otro juguete de la misma empresa. En la película, Léaud se defiende con arco y flecha.
La información sobre Ivanka puede deducirse solo “de manera fragmentaria”, advierte López. Un panorama general sugiere también que el personaje quiso confundir a futuros investigadores e investigadoras, dejando atrás una serie de objetos cuya lógica escapa a toda racionalidad, por ejemplo: dos arañas antiguas de cristal pegadas a un aparato de televisión (Autorretrato y violencia, 2020) o un cuadro con una figura griega cubierto por un vidrio roto atado a una puerta apoyada sobre la pared con un paquete de flechas de madera incrustadas en la cerradura (Canción cantada mientras se ejecuta un trabajo físico difícil, 2020). En una serie de collages sobre una de las paredes, Ivanka sigue las indicaciones de un manifiesto surrealista −que “existe aunque no haya sido escrito” (López)− sobre cómo intervenir publicidades para “dejar en evidencia el deseo puro”. Así, colorea un ojo de Catherine Deneuve y dibuja la hoz y el martillo sobre su mejilla en un aviso a página de Chanel N°5 que promete, en letras blancas sobre fondo negro, “No tienes que pedirlo, él sabe lo que quieres” (Lanché, 2019). Una pintura negra de gran formato (Superficies y bloques de sensibilidad pictórica, 2019) basada en el Cuadrado negro (1915) de Kazimir Malevich se apoya en un mueble con forma de “U” y propone observar críticamente la relación entre las pinturas y el mobiliario.
Una alfombra rosa atraviesa diagonalmente la sala. En uno de sus extremos, un grueso telón a tono encierra un espacio redondo (El triunfo de Venus o la declaración del amor, 2020). En su interior cuelga un asiento de moto sostenido por resortes metálicos. Por debajo, sobre la alfombra, asoman dos patas de toro a la manera de las chinelas al borde de una cama. Se trata de un aparato que Ivanka armó para eyectarse hacia el espacio. Las patas de toro funcionaban para el personaje como prótesis ortopédicas: producto de anteriores “despegues” había sufrido un grave accidente. En otras obras puede observarse la presencia de muletas. La máquina presente cita una pieza del artista ruso-estadounidense Ilya Kabakov, El hombre que voló al cosmos desde su departamento (1984), aunque formalmente alude al escenario de una pintura barroca. Aquí evita, sin embargo, la representación del objeto de deseo, el cuerpo desnudo de la mujer.
En el otro extremo de la alfombra, una de las partes del díptico Humanos sin cara también llamados trabajadores (2020) presenta una bolsa de residuos y una página de revista intervenida con brillantina en alusión a la serie de “Cosmococas” de Hélio Oiticica y Neville d’Almeida, reemplazando en este caso a la cocaína por brillantina. La segunda parte consiste en un collage de páginas de avisos de un ejemplar del diario La Nación del año 1976 donde convergen agradecimientos al espíritu santo, publicidades de películas de Alfred Hitchcock y el clasificado “Mayordomo para explotación inmediata”. López / Ivanka superpone la página con un recorte de The New York Times titulado “A Faceless Mass Called Workers”, que presta su título a la obra mientras una cinta blanca enmarca las páginas amarillentas.
En “el tocador de las transformaciones” (la denominación corresponde a López), una elegante cómoda de los años cincuenta (Ivanka, 2019-2020) despliega libros de Karl Marx y Walter Benjamin: ediciones de diferentes épocas y en distintos idiomas, adornadas siempre con pelucas y trenzas de colores y estilos diversos. Aquí se encuentran también otros objetos para el acicalado personal y la artista aclara que está permitido tocar estas piezas y utilizarlas.
Las siguientes obras presentan cortinados y cintas que enmarcan objetos de uso cotidiano con características absurdas o paradojales, por ejemplo: un papel indicando una rebaja de supermercado, cuyos precios actual y previo coinciden exactamente; recortes de fotografías de esculturas griegas coloreadas con tonos estridentes; dos relojes de pared con agujas que retroceden; una cabeza de ciervo que recibe una transfusión de sangre; el retrato de un gorila que cuelga de un ángulo en la habitación imitando la manera en que Malevich presentó por primera vez su Cuadrado negro; una muleta cubierta de borlas o un dibujo infantil que representa un mundo de solo dos dimensiones en que nada falta. “La perspectiva es solamente una convención” −observa López−. Schwartzman parece responder en su texto al afirmar que “lo predecible cede ante lo inconmensurable”.