La percepción de la distancia
Guillermo Mena
Gachi Prieto
04.03.21 | 17.04.21

Guillermo Mena (Los Cóndores, 1986) presenta en La percepción de la distancia un video, una pintura mural y una selección de 45 papeles con manchas de carbonilla. Si bien se trata de tres formatos muy diferentes, todas las piezas en la exhibición evidencian “un anhelo insistente por preservar un presente que se desvanece” –explica la galería Gachi Prieto−. 

En la antesala, junto a la entrada, un monitor reproduce Overlapping Skies (Cielos superpuestos, 2020), pieza en video desarrollada durante una estadía en la residencia de artistas Banff Centre for The Arts and Creativity en Canadá. Sobre la pantalla coinciden, en superposición, imágenes satelitales de los cielos de Canadá y Argentina tomadas el mismo día y a la misma hora. Los movimientos etéreos y constantes de las nubes en primer plano contrastan con las finas y quietas líneas que representan los accidentes geográficos de los paisajes. 

Acompaña la muestra un texto de la historiadora del arte e investigadora Sofía Dourron. La autora observa que, a diferencia de los animales que utilizan el sentido del oído para predecir las tormentas, la humanidad se ha dedicado durante siglos a “mirar el cielo” para establecer con precisión “la hora del día y así organizar el funcionamiento de la sociedad”. En 300.000 años de observaciones astronómicas, “las nubes han sido… un fenómeno escurridizo, difícil de asir, especialmente para las ciencias ansiosas por nombrar y clasificar”. 

En la sala principal de exhibición, el artista utiliza dos paredes para desarrollar la obra central de esta muestra, a la cual le da nombre: irá avanzando a medida que pasan los días hasta completarla el del cierre. Mena transforma así el espacio exhibitivo en un lugar de producción al estilo de las residencias, que ofrecen temporariamente un estudio para la producción de un proyecto que suelen exhibir a visitantes, y que consta de una exposición final. Así produjo Restablecer el recuerdo (2019), durante otra residencia de artistas, esta vez en la ciudad de Montevideo −Espacio de Arte Contemporáneo (EAC)−, cuya sede se ubica en un área reciclada de la ex Cárcel de Miguelete. Entre otras acciones, el artista produjo allí su propio carbón que luego empleó para pintar de negro las paredes de su celda-estudio, cubriéndolas de una “monocromía radical” −según define la curadora Lucía Pittaluga (ver+info)−. 

En las paredes de Gachi Prieto, Mena traza con carbonilla la forma de las nubes en el cielo entre  líneas negras que parecen representar un viento nocturno moviendo las acumulaciones de vapor. Su dibujo intenta preservar una imagen que, de tan efímera, desaparece en el momento de apartar la mirada del cielo y concentrarse en el trabajo. En ese intento de preservar una imagen o de documentarla, el “cielo” original se transforma en una serie de trazos negros sobre una pared blanca en el interior de una galería de arte. Comparte, sin embargo, el carácter efímero de la imagen de las nubes, ya que va mutando con el paso de los días y será borrada al concluir el período de exhibición. El artista aclara que, en este tipo de murales, no utiliza fijador.

Una vez terminado el mural, Mena procede a tomar registro de él. Para ello, frota una hoja de papel contra la pared dibujada, acción que repite varias veces y mediante la cual logra transferir una fracción del material (ya sea carbón o carbonilla), al generar una mancha que, por contigüidad, da testimonio de la existencia de la obra. De esta manera produce una gran cantidad de estas manchas, que reúne en su serie “El lugar de la urgencia / Acción de desapego”, que comenzó en 2015. El registro resulta en una abstracción, cuyas formas se imprimen según los movimentos que haya realizado el artista en contacto con el dibujo y que procede luego a fijar sobre el papel. Al igual que las nubes sobre la pared, el registro se aleja visualmente del referente. En esa distancia, cabe preguntarse con Dourron, qué pasaría “si en vez de mirar con los ojos, miráramos con todos los sentidos”.