El día maravilloso de los pueblos
Elda Cerrato
Museo de Arte Moderno de Buenos Aires
05.03.21 | 31.07.21

Durante el mes de marzo, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires celebra a las mujeres que integran su colección y, en este marco, inauguró la primera exposición antológica de Elda Cerrato (Asti, 1930), El día maravilloso de los pueblos. Con curaduría de Carla Barbero y asistencia curatorial de Marcos Krämer, reúne una selección de obras realizadas en Buenos Aires, Tucumán y Caracas a lo largo de cincuenta años de producción. Artista y maestra de artistas de reconocida trayectoria académica, “el trabajo de Cerrato ofrece una singular trama simbólica, conceptual y ética, en la que resuenan las diversas tendencias del arte latinoamericano del siglo XX, como también las dinámicas sociales, políticas y culturales de la región”, señala la curadora.

Ha cultivado desde sus comienzos “una profunda curiosidad por el misterio de los seres vivos” −continúa Barbero− que la llevó a estudiar bioquímica, carrera que luego abandonó para dedicarse al arte, pero “el estudio de la biología y su interés por la potencialidad del método científico, las investigaciones sobre geometría y escalas pictóricas… marcaron sus trabajos, [como] el contacto con la ‘Escuela del Cuarto Camino’, de George Gurdjieff, una centenaria doctrina metafísica y cosmológica, y los debates políticos con la vanguardia intelectual argentina y venezolana en décadas de creciente tensión”. En la primera mitad de los sesenta, Cerrato se instaló con su marido en la ciudad de Caracas. El investigador y profesor Fernando Davis apunta en un texto publicado en 2017 ( Ver + info) que es allí donde “realiza sus primeras exposiciones individuales, con obras que fueron interpretadas entonces como parte de un ‘informalismo biomórfico’ y que parecen evocar… imágenes provenientes de la formación de la artista como bioquímica: diagramas celulares, cortes microscópicos de una materia ingrávida, atmósferas coloreadas… Entre 1965 y 1967, ya de regreso a la Argentina, realiza la serie Producción de energía, basada, precisamente, en cuentos de Gurdjieff”. La muestra incluye siete obras de este grupo y sitúa una de ellas, Un resultado de la elaboración del Okidanokh (1966), frente a la entrada de la sala. Barbero subraya que es “la fuerza de su autodeterminación” la que le permite integrar conocimientos considerados antagónicos y empujar los límites estéticos para vincularse con el medio artístico de modo transversal: “su obra adquiere así una asombrosa pertinencia en la actualidad, ya que establece discusiones con las narrativas históricas tanto dentro del mundo artístico como fuera de él”, destaca. Paralelamente, desde 1965 Cerrato fue desarrollando su extensa “Epopeya del Ser Beta”, fábula que recorre gran parte de su producción y de la cual puede verse una selección de obras que llega hasta 1973, y un conjunto de dibujos basados en poemas de Aldo Pellegrini, de los cuales se exhiben tres. Davis señala que la obra de estos años “es indisociable de una constelación de prácticas y teorías frecuentadas y estudiadas por la artista, de la exploración de cosmovisiones alternativas al interés por la poesía surrealista y los mundos de la ciencia ficción, de la metafísica de Gurdjieff al I Ching”. 

A finales de la década del sesenta, luego de una etapa abstracta e informalista, “en un contexto atravesado por una creciente radicalización política” (Davis), comienza lo que más tarde Cerrato describió como su etapa “conceptual”, durante la cual se dedica a explorar nuevos formatos de comunicación como objetos, paneles e impresiones heliográficas. A este período pertenece el cortometraje de animación Algunos segmentos (1970) –proyectado en la exhibición en formato digital−, que filmó en 16 mm con auspicio del Centro de Arte y Comunicación (CAyC), realizado a partir de sus pinturas y dibujos “en un escenario en el que el arte es llamado a intervenir en un proceso revolucionario que se percibe como inminente”, escribe Davis. En este período −agrega Barbero−, Cerrato construyó “un conjunto de imágenes, pensamientos y acciones que enlazaban cada vez más la vanguardia artística y la revolución política. Estudió la identidad de los pueblos de América Latina, las desigualdades económicas, las luchas por la soberanía territorial y los conflictos de clase, asuntos que abordó a partir de las estrategias del arte conceptual y el lenguaje visual de los medios masivos de comunicación. Es así como las multitudes, los mapas, las vistas aéreas, las manifestaciones obreras y los símbolos del peronismo se convirtieron en la marca de sus obras más emblemáticas y en las claves de un posicionamiento crítico que sostiene hasta el presente y que hizo de su trabajo un testimonio ineludible de la historia política del Cono Sur”. En los primeros mapas de América Latina de su obra pueden verse las representaciones del descenso de la nave del Ser Beta en la Tierra. Davis observa asimismo que “en la serie ‘Geohistoriografía’, el mapa de América del Sur o de Argentina aparece ocupado por una multitud de cuerpos y rostros, conformando una especie de cuerpo colectivo pulsante que se superpone a su geografía y la desborda”, como por ejemplo en Geohistoriografías. Relevamientos y sueños de América (1975). En algunos dibujos, la geografía del mapa de América Latina “aparece fragmentada y dispersa o se ubica en tensión con el mapa o la bandera de Estados Unidos”.

Entre 1977 y 1983 Cerrato se estableció con su familia nuevamente en Caracas. En 1985, desarrolló “La memoria en los bordes”, una serie de obras sobre la Justicia en la que se reconoce la imagen dl Palacio de  Tribunales porteño. Más tarde realizó Ocultamientos (1994), exhibida originalmente en el Centro Cultural Ciudad de Buenos Aires, hoy Centro Cultural Recoleta, obra que se reconstruye en ocasión de la presente muestra. En la instalación, un conjunto de árboles de ramas coloridas pintadas sobre telas blancas colgando del techo obstruyen la visión de una gran pintura, precisamente, del Palacio de Tribunales de la Ciudad de Buenos Aires en llamas.

En los años noventa, la artista comenzó a estudiar la obra del escritor y antropólogo Carlos Castaneda. En esta etapa, produjo una serie de piezas en que la memoria colectiva aparece indisolublemente imbricada con su memoria personal, considerando, de acuerdo con los postulados del escritor, que los recuerdos emergen en un espacio liminal entre el inconsciente y el estado de vigilia. En este grupo, pequeñas fotografías familiares se insertan en la superficie de grandes pinturas. “Las sucesivas migraciones… y el contacto con lenguas y paisajes sociales diferentes aportaron a su vida movimientos y contrastes que fortalecieron su enorme agudeza para impregnarse del contexto que la rodea, tanto de las realidades más concretas como de experiencias intangibles. La obra de Elda Cerrato es la manifestación de esa habilidad para comprender desde el corazón la naturaleza esencial de los sucesos” −concluye Barbero.