Apéndices lejanos
Constanza Giuliani
Piedras Galería
06.03.21 | 23.04.21

Constanza Giuliani (Mendoza, 1984) presenta Apéndices lejanos en la Sala Proyectos de galería Piedras, donde experimenta de manera lúdica con las artes gráficas, la palabra escrita y la instalación. Tres esculturas blandas de gran formato en tonos pastel construidas con tela y rellenas de vellón se distribuyen en el espacio de manera equidistante alrededor de una pieza de tres módulos. Entre ellas, una serie de nueve tarjetones de papel de distintos gramajes y terminaciones se distribuyen erguidas sobre el suelo. Sus ubicaciones –dicen en la galería— “pueden mutar, ya que son manipuladas por los espectadores, protocolo de por medio”: sobre sus superficies se imprimen dibujos que, utilizando la lógica de una tarjeta de felicitaciones, conjugan poéticamente textos, caligrafías y personajes trazados digitalmente, entre los cuales una rata asoma su cabeza sobre los bordes de una copa de vino, un bebé baila con el diablo, una chica se contorsiona entre computadoras y elementos de cocina y, a la vez, se combinan con frases como “¡Sale el sol!”, “¡No hay trabajo!”, “Ni tiempo para llorar”, “¡Perdón! Por ser tan sensual”, “Bienvenida incertidumbre”, “Bebé te amo, aunque bailes con el diablo”, “Por favor volvé de la muerte”, “Yo a vos quiero escribirte un poema, pero está muy cara la poesía, está muy cara…”, o “No te veo bien, espero que te recuperes pronto”.

El diseño de cada tarjeta integra una edición de 25 copias que busca hacer circular el trabajo a la manera de las producciones gráficas independientes como fanzines y revistas de arte. “¿Serán las obras de arte tarjetas que se envían, como un canal de comunicación que se abre, en busca de un eco inaudible?” −pregunta, al respecto, Piedras−. 

En esta propuesta, la artista se aleja por un momento de la producción pictórica −que suele ocupar un lugar protagónico en su obra− permitiendo que el grupo escultórico se despliegue en el espacio, con “formas propias de un universo alterno o invertido de la pintura en el que emergen personajes a través de la mancha y el contorno” −cuenta la galería−, personajes que van naciendo y acomodándose, enormes y mullidos, en la sala. Ellos provienen también de los diferentes acercamientos al dibujo, ya sea digital o a mano alzada, como es el caso de los garabeteos, bocetos y anotaciones en cuadernos que constantemente realiza Giuliani. En la habitación prevalecen el rosa y el celeste, con detalles en fucsia y verde. En este espacio, la galería pregunta si acaso “todas las ideas que orbitan suaves en la lejanía de lo urgente, revoloteando en nuestras cabezas huecas, resacosas… en una dimensión blanda y adormilada [serán] como tarjetas de felicitaciones”, vinculando de esta manera las posibilidades del pensamiento, que son inmateriales, con las características físicas del ámbito en que se desarrolla.