Marcelo Brodsky, Martín Carrizo, Horacio Coppola, Andrés Denegri, Facundo de Zuviría, Andrés Durán, Sofía Durrieu, Grete Stern, Narcisa Hirsch, Luciana Lamothe, Marcos López, Francisco Medail, Santiago Porter, RES, José Alejandro Restrepo, Humberto Rivas, Roberto Riverti, Juan Travnik, Carlos Trilnick
Rolf Art
24.06.21 | 17.09.21

Con curaduría del artista y crítico cultural español Marcelo Expósito, Ciudad invisible reúne obras en diferentes formatos y soportes, producidas y desarrolladas por artistas de distintas generaciones, desde los años treinta del siglo XX hasta 2019. Explica el texto curatorial que los trabajos en la selección “forman parte del imaginario de la ciudad que se muestra en sus espacios por lo general anónimos y vaciados, desiertos, despoblados, silenciosos, abandonados o desolados”. En la sala, se pueden ver obras de Marcelo Brodsky, Martín Carrizo, Horacio Coppola, Andrés Denegri, Facundo de Zuviría, Andrés Durán, Sofía Durrieu, Grete Stern, Narcisa Hirsch, Luciana Lamothe, Marcos López, Francisco Medail, Santiago Porter, RES, José Alejandro Restrepo, Humberto Rivas, Roberto Riverti, Juan Travnik y Carlos Trilnick. 

El abordaje curatorial de Expósito se basa en “la lectura que Walter Benjamin hizo de las fotografías de París tomadas por [Eugène] Atget, quien ‘pasaría casi siempre de largo ante las grandes vistas y los monumentos, pero no… ante la vista de las mesas vacías donde yacen los platos sin lavar… Vacía está la Porte d’Arcueil en los fortifs, vacías las ostentosas escaleras, como los patios, o las terrazas de los cafés…’”. Esta imaginería “pertenece extrañamente más al orden del ‘autorretrato’ que al orden del reportaje −continúa Expósito−, pero no un autorretrato del fotógrafo sino de la fotografía misma”. Aquí, “la técnica de producción de imágenes reproductibles se identifica con la ciudad mecanizada como un dispositivo a gran escala surgido de su misma matriz, la industrialización capitalista. La fotografía, dicho de otra manera, se retrata a sí misma a través de la ciudad tecnificada, su doble”.  

A partir de esta aproximación, el recorrido cronológico por la Ciudad invisible comienza con cinco fotografías de Horacio Coppola (Buenos Aires, 1906-2012), considerado, junto a Grete Stern (Wuppertal-Elberfeld, 1904 – Buenos Aires, 1999), cuya obra también se incluye en la muestra, “uno de los principales exponentes de la fotografía argentina moderna de la primera mitad del siglo XX” –dice Rolf Art−. Cuatro de ellas datan de 1936, año en que la Municipalidad de Buenos Aires publica su relevamiento fotográfico en el libro Buenos Aires 1936 (Visión fotográfica). Cuenta el historiador Luis Priamo que Coppola había asistido a las conferencias que Le Corbusier dictó en 1929 sobre Buenos Aires y cita a su vez al fotógrafo, quien recordaba cómo el arquitecto “analizó el esquema cerrado de las manzanas y lotes de la ciudad, ese sistema por el cual todas las construcciones tienen un solo frente entre dos medianeras… en esa época la visión de las medianeras era muy impactante. Yo había sacado una en Cangallo y Bulnes, desde un ángulo que era absolutamente cubista” (ver + info). La obra fotográfica de Stern comprende, entre otros trabajos, series sobre Buenos Aires y su arquitectura, de las cuales aquí se incluyen tres piezas. También conocida por sus fotomontajes, la muestra incluye una copia moderna de M (Fotomontaje Madi) (1946). 

Sigue el recorrido: de estos trabajos en blanco y negro pasa a cuatro registros fotográficos en color de acciones urbanas realizadas durante la última dictadura militar en Buenos Aires por la cineasta experimental Narcisa Hirsch (Berlín, 1928); son cuatro piezas de su serie “Graffitis” (1979-1980), con la que retornaba, clandestina y solitaria, a la calle como escenario para sus obras (ver + info)

La década del ochenta oscila entre el color y el blanco y negro. Tres obras monocromas de Humberto Rivas (Buenos Aires, 1937 – Barcelona, 2009), de 1982, exploran el paisaje urbano como tema, en imágenes que por su tratamiento lumínico “enuncian una poética intensa del pasaje del tiempo” −explica la galería−. Abocado también al estudio de la luz, el tiempo y el espacio, Roberto Riverti (Buenos Aires, 1954), registró en una serie fotográfica, en 1984, los frentes de los cines, casi siempre de noche. De Carlos Trilnick (Rosario, 1957 – Buenos Aires, 2020), precursor del videoarte en Argentina, se repone una obra presentada originalmente en el Centro Cultural Recoleta en 1986: Ciudad satélite, una instalación provista de tres monitores de video que aborda las ciudades periféricas que quedan vacías durante el día. Las imágenes sugieren una arquitectura que podría corresponder a una ciudad arqueológica o una ciudad dormitorio, que sus habitantes ocupan solamente por la noche. Juan Travnik (Buenos Aires, 1950) documentó también paisajes urbanos. Aquí pueden verse imágenes de fachadas con persianas cerradas, detrás de las cuales se extienden muchas veces terrenos baldíos, a plena luz del día. Promediando la década, y en color, Marcelo Brodsky (Buenos Aires, 1954) desarrolló su serie “Palabras” (1985-1986), que se expone en una de las paredes junto a Family Heroes, una pieza enmarcada en forma de cruz de su serie “Buena memoria” (1996). “Su trabajo –agrega la galería− construye memoria en el tiempo…con sus grafismos, conecta décadas y desafía al olvido revelando la presencia de los cuerpos silenciosos que hablan desde un pasado no muy lejano”. 

De la primera década del siglo XXI, la muestra incluye un políptico de 24 fotografías de la serie “Siesta argentina” (2003-2013) de Facundo de Zuviría (Buenos Aires, 1954), que registra, de día y frontalmente, las fachadas de locales comerciales con las persianas bajas, en blanco y negro. De 2007, dos fotografías color del inicio de la serie “Bruma” (2007-2017) de Santiago Porter (Buenos Aires, 1971) retratan las puertas doradas de un Edificio militar –así se denomina la obra− y sus respectivas cámaras de seguridad. En el umbral de una de ellas se acuesta una figura envuelta en plástico. La serie se dedica a documentar edificios públicos, monumentos y paisajes, buscando visibilizar el mensaje que la imagen de estas edificaciones implícitamente transmite. Con colores estridentes, Marcos López (Santa Fe, 1958) comienza en esta época su serie “Tristes trópicos” (2003-2018): “El artista contempla lo kitsch, su delicado placer en la acumulación de objetos decorativos y símbolos, las alegorías documentales, la teatralidad de los gestos, los colores intensos y las resonancias de una larga tradición que va desde el muralismo mexicano hasta la fotografía documental y el cine político, la apropiación, la yuxtaposición de citas fotográficas, el diálogo entre la pintura, la fotografía y el modelo” −subraya Rolf−.

De la última década, el artista colombiano José Alejandro Restrepo (Bogotá, 1959) participa con dos videos monocanal, El caballero de la fe (2011) y Estilita (2012). Andrés Denegri (Buenos Aires, 1975) presenta Aula Magna (2013-2018), una instalación que emplea dos proyectores. En sus obras, “los dispositivos y la tecnología de la memoria se transforman en una alegoría de los procesos del olvido y la negación de la historia, invitando al espectador a repensar la relación entre la memoria y su importancia activa en nuestro presente” −amplía la galería−. De RES (Córdoba, 1957) se puede ver un tríptico conformado por dos fotografías y un video documental de la serie “¿Apoteosis de la libertad?”, Una puerta y dos ventanas (2016), donde el artista “representa un orden perdido, aquel que estuvo presente y deja registro de su vacío con la ausencia” (Rolf). Andrés Durán (Santiago de Chile, 1974) expone seis fotografías de su serie “Monumento editado” (2013-2017), cuyos registros “fueron intervenidos digitalmente por medio de CGI y post-producción digital, dando como resultado imágenes ficticias que devuelven la mirada hacia estos monumentos y su presencia en la ciudad contemporánea”. ​

Cuatro obras en la sala corresponden a esculturas de Sofía Durrieu (Buenos Aires, 1980), Luciana Lamothe (Mercedes, 1975) y Martín Carrizo (Río Tercero, 1983). La primera cuenta que le interesa investigar “dónde, entre los objetos, los discursos y las construcciones ‘estándar’ del comportamiento contemporáneo y la vida doméstica, aparece la posibilidad de una ruptura, con la intención de empujar la percepción más allá de su adoctrinamiento y de su condicionamiento para la eficiencia”. Participa en la muestra con dos obras: Incólume (2014) y TEIC-MIIIIII (2017). Lamothe realiza todo tipo de estructuras con andamios de la construcción que, en su uso común, “resultan en abstracciones geométricas sobre fondos urbanos a medio construir” (Sofía Dourron, ver + info). La artista utiliza esta característica del andamio para desarrollar objetos de toda clase de formas y tamaños: desde pequeñas esculturas, como la que se puede observar en la sala de Rolf (Sin título, 2017), hasta monumentales estructuras transitables. Carrizo, por su parte, presenta una construcción sin terminar en escala pequeña, hecha con madera, cemento y ladrillo (Sin título, 2019). 

El más joven en la muestra, Francisco Medail (Entre Ríos, 1991), participa con seis piezas de su serie “Fotografías 1930-1943”, tomadas mucho antes de su propio nacimiento. De acuerdo a la descripción de la historiadora Verónica Tell, la propuesta consiste en “traer a la contemporaneidad imágenes del pasado a partir de su lenguaje compositivo”, dejando de lado el contexto en que fueron realizadas. Con estos trabajos –continúa− “desafía la idea de autor y la cronología, y al paso, deja caer un guiño sobre los títulos de los libros editados por la Fundación Antorchas en la década de 1990, fundamentales en la historiografía de la fotografía argentina”. 

El ensayo de Expósito para la exposición concluye: “en el arco histórico que abarca desde el surgimiento originario de la metrópolis industrial hasta la crisis terminal de la ciudad moderna, la imaginería de la ciudad vaciada se dobla sobre sí misma como un pliegue: las fotografías del París de Atget se han visto actualizadas una y otra vez en cada una de las incontables imágenes mentales o digitales que se reprodujeron globalmente durante los meses de riguroso confinamiento que sufrimos al inicio de la pandemia de coronavirus. Representaciones de ciudades aparentemente vacías, fantasmales, pero que, quienes las habitábamos confinados, supimos finalmente que se encontraban recorridas, atravesadas por formas de trabajo imprescindibles para la reproducción social y para el sostenimiento de la vida amenazada; tejidos relacionales sin embargo invisibilizados, infravalorados, infrapagados que, en cualquier caso, estaban ahí, sosteniendo de una manera contradictoria nuestras ciudades ahora detenidas como a punto de estallar”.