Choripanipzus.exe. LindnerFest
Lux Lindner
Galería Nora Fisch
17.04.21 | 08.05.21

Bajo el título Choripanipzus.exe, la galería Nora Fisch presenta la tercera edición de LindnerFest, un festival de dibujos inéditos de Lux Lindner (Buenos Aires, 1965) que reúne una selección de trabajos de distintas épocas de su prolífica producción, que es también su forma de reflexionar en la vida cotidiana. Su participación en la escena artística local comenzó a fines de los años ochenta; en la siguiente década realizó tres muestras en el Centro Cultural Rojas, con curaduría de Jorge Gumier Maier y, luego, de Alfredo Londaibere, entre muchas otras. Su obra ha sido ampliamente reconocida a través de numerosos premios y su carrera se expandió al contexto internacional, donde participó de la Bienal de Estambul, y de exhibiciones en el Drawing Center de New York y la Casa Lope de Vega de Madrid, para nombrar solo algunas. “Su erudición acerca de la historia y la cultura argentina y su histrionismo lo han transformado en un artista con un perfil original y particular…, capaz de un análisis lúcido y mordaz de la argentinidad y sus formas simbólicas” –destaca la galería−. 

Desde su título, la muestra homenajea un libro de dibujos de Rómulo Macciò, Choripzus (derivado imaginario de “chorizo”), uno de los primeros volúmenes sobre arte que integró la biblioteca de Lindner. Así que “hay muchos temas que están tomados de Macciò con mucha libertad, [combinados] con otras cosas que me pasaron a lo largo de la vida” −dice el artista−. Por ejemplo, un dibujo en papel rosado sobre la vidriera de la galería dice Wege der Weltweisheit (“Formas de la sabiduría mundial”, ca. 2010), y así se titula. Se basa en un texto que Lindner leyó siendo aún muy joven sobre una obra del pintor alemán Anselm Kiefer, “un grabado con distintas figuras de la historia de su país, mezcla de figuras serias y haters. Entonces, yo que quise ser hisoriador, mi profesión frustrada: esto es una visión de mi [propia] historia, mezclada con la historia argentina, con mis grandes limitaciones… Estos dibujos son saltos de un lado para el otro… Yo digo que esta muestra es como un chequeo médico: ‘usted este órgano lo tiene así, este otro, asá. Esto lo ha hecho bien, pero esto, mal, cuídese con esto otro’. No es que haya un superconcepto que abarque todo, sino que es un estado de la cuestión, un balance semi-antológico”. 

Lindner revisó su gran archivo y organizó la tercera edición de LindnerFest abarcando desde pequeños dibujos de 1987 hasta su reciente “Calendario del embargo”, una serie de grandes papeles, dedicada a revisitar la vida y obra del pintor de escenas gauchescas Florencio Molina Campos, en especial las que ilustraban los almanaques publicados por la fábrica Alpargatas. El título de este grupo de obras está vinculado con una experiencia de su historia familiar. Su padre, un piloto profesional, se propuso construir un moto-planeador en los años cincuenta. “En esa época en la Argentina había motores muy pequeños, pero muy específicos –cuenta Lindner–. Estados Unidos consideró entonces que nuestro país estaba por lanzar una carrera armamentista y embargó a la Argentina. Fue un gran enojo de mi padre, que no logró construir el planeador. Por eso acá hay muchas situaciones de máquinas aeronáuticas que no tienen motor… También está el paisaje pampeano, un poco transfigurado. Yo soy una persona muy urbana para quien la pampa ha tenido algo de fantástico”. Realismo gauchista (2020), por ejemplo, está basado en parte en una escena de almanaque de Molina Campos en que un personaje remonta un barrilete. En la versión de Lindner, el hilo del barrilete es un alambre de púa y el objeto que remonta es un avión con una piedra encima. “Está la idea de volar, pero hay fuerzas que están operando en contra de este desarrollo tecnológico”. Recuperado de sombras (2020) es uno de los primeros dibujos de la serie y está vinculado con obras anteriores sobre El mito gaucho, del filósofo argentino Carlos Astrada. “Acá se ve un gaucho –describe, señalando un personaje que salta una tranquera, debajo de un avión identificado con la sigla FUBA (Federación Universitaria Argentina)–. Pero no se sabe bien si la FUBA lo persigue o si lo está liberando de la prisión o si está entrando en la modernidad –agrega mientras destaca dos cuadrados que simulan dos obras de Josef Albers– …No sabemos si está escapando o entrando a la modernidad y no sabemos si la universidad está del lado del gaucho o en su contra”. En Artistejo sobrelocalizado (2020) aparece nuevamente “el tema de la piedra que no deja que el avión vuele y no deja tampoco que ablande el motor. El artista argentino es una especie de lastre en el sentido de que está destinado a tener alguna vigencia en un lugar muy determinado”. Con respecto a Drawingcenterness solarizada (2020), el artista, que dice sufrir agorafobia e insolarse fácilmente, destaca “las desventajas del hombre blanco sin las ventajas”. Y continúa: “imaginé una larga caminata para ir a la pulpería, que vendría a ser [en este caso] el Drawing Center, pero esta persona [en el dibujo] llega ya insolada, no está muy bien. Tiene algo de pulpería, pero maligna, medio embrujada”.  

Sobre una pared gris, un grupo de dibujos despliega diferentes momentos en la producción de Lindner desde 1987 hasta el año 2000. “Es una mezcla de distintos estilos, técnicas, soportes, enfoques, criterios, ideas… En sí cada obra es extremadamente autónoma porque hay distintos temas, preocupaciones, humores, grados de trabajo y de ánimo. Hay cosas que son juegos formales, otras son más anecdóticas, historias sentimentales, otras pertenecen a publicaciones que no salieron”. Aquí señala un dibujo sobre una hoja con membrete del Océano Hotel Copacabana (Sin título, 1992). “Yo me acordaba de que [Martin] Kippenberger había hecho muchos dibujos con membretes de hotel –cuenta–, me parecía una idea divertida. Y yo tampoco salía mucho en Río de Janeiro por el tema de la agorafobia. Los dibujos no eran muy solares porque la energía de esa naturaleza no estaba muy de acuerdo con mi presencia ahí”. Otro dibujo, sobre un papel de gruesos bordes verdes [El espíritu de las formas (Pablo Suárez), 1999], “tiene que ver con Pablo Suárez, pero en realidad salió como una adaptación de una ilustración publicada en la revista de Cablevisión, que yo había guardado. Hice varias versiones y usé un papel que había comprado en Estados Unidos que se usa mucho para imprimir diplomas. Acá justamente es una época en que se me ocurría que un dibujo podía ser una cosa autónoma: quedó algo que tenía su propio marquito. Muchas cosas yo las empiezo pensando que se trata de algo precario y después me entusiasmo, no es que decido hacer la gran obra. Entonces a mí me da un poco de risa cuando me dicen ‘Pero esto no está libre de ácido’. Estas cosas las empecé como un boceto y después me terminaron entusiasmando. Cuando pasa al revés, compro un papel de acuarela de 300 gramos, después sale una porquería y la tengo que romper. Me ha pasado”.

Más dibujos hacen referencia a la aviación, un tema recurrente en el imaginario de Lindner, aunque siempre se trata de naves que no van a poder levantar vuelo. Uno de ellos está acompañado de la inscripción Hola papá (1995) e incluye un cartel con las letras “LV FZT”, “la patente del avión que él tenía”. El avión en el dibujo tiene hélice y “puede tener también motor, aunque no tiene caño de escape ni nada, pero el timón es como una gota, es algo pesado, no es un avión que va a volar. Está apoyado sobre algo que no es una pista de aterrizaje, es más bien un damero, es parte de un juego medio tonto. Una de las curiosidades es que está hecho sobre un papel superbueno, de un block que me regaló una colega… Todo lo que hice con eso fue una porquería, salvo este”. Y los aviones suelen estar asociados con una vestimenta especial, “yo siempre tuve mucho conocimiento de los uniformes –prosigue el artista–. Pero en mi casa, al mismo tiempo, la cosa militar era muy despreciada… Algo de eso heredé de mi padre. Entonces, si bien hay uniformes, son medio ridículos. Está este [se refiere al personaje en Sin título, 1996] que podría ser medio yo, pero no se sabe si es un travesti y, al mismo tiempo, esta armadura se confunde con costillas. Tiene un uniforme, pero no sabemos si lo protege o simplemente esconde que es un muerto”. En cuanto a su aspecto formal, el dibujo imita manualmente, sobre el sombrero, el rasterizado digital de una computadora de la época. Jornadas de la crítica (1991), otra obra en el mismo sector, imagina a Jorge Romero Brest y a Lionello Venturi, “esos críticos de la vieja escuela”, que conversan en primer plano mientras fuman sus pipas y “no están viendo lo que pasa afuera”. Por detrás de ellos aparece un paisaje urbano y Lindner dice: “por ahí estoy yo, pero estoy desdoblado”; se refiere a un personaje con dos caras. 

Sobre otra pared, el artista define al siguiente grupo como “mezcla de dibujos del siglo XXI, de cosas episódicas”. Por ejemplo, en un papel oscuro se lee domas Maldonado (ca. 2010). A Lindner le interesa especialmente el aspecto desarrollista de la obra de Tomás Maldonado, pero también confiesa que siempre tuvo “un poco de envidia a ese tipo de pintura [geométrica]”. Con respecto a otro dibujo, cuenta que una artista, Amaya, le había prestado su casa y había dejado una nota, Mensaje de Amaya: Dice el Sr. Dios que dejó porro en la heladera (2008). El texto le divirtió y lo escribió con los lápices que encontró en la casa. Otro de los papeles, más reciente, dice Solo un texto puede salvarnos (2019). “Me puse a pensar en la forma de los aviones franceses de los años treinta… Tenían una idea un poco distinta de cómo tenía que ser un avión militar: una especie de fortaleza volante muy cuadrada”. En Sin motor (2014) se ve una forma que “tiene todo para ser un avión, salvo, lamentablemente, el motor”. 

La reciente “Serie tactilista” (2020) corresponde a dibujos hechos ya en pandemia. Muy asustado de ir a un cajero automático por el riesgo de contagio, en una de las obras, Lindner escribió San Tomate, que ese moco no me mate. Más tranquilo, comenzó a pensar “quién necesita un artista argentino ahora” (Who needs an Argentine Artist). “Es un tema candente porque cuando uno empieza a pasar más tiempo en su casa y en Instagram aparecen un montón de artistas… es muy desesperante porque antes era necesario competir solamente con los grandes super-genios del primer mundo, pero ahora hay un montón de artistejos medio malos, pero que tienen buena técnica”. 

La serie “Jazz Nights” se desarrolla en colores que se destacan sobre papeles negros. Lindner los describe, en principio, como “una combinación de cosas”. En 2019 viajó a Nueva York después de mucho tiempo sin haber visitado la cuidad. A la vuelta comenzó a escuchar jazz “y entonces están estos músicos −dice−. Los bocetos, hechos en Nueva York los trasladé, pero entretanto había llegado la pandemia, entonces ya no era una cosa alegre, sino que, más bien, yo dibujaba entre las 12 y la 1 de la mañana, con toda la casa silenciosa y una cosa medio apocalíptica y entonces empezó por eso a tener este aspecto siniestrón”.