Caleidoscopio
Valentina Ansaldi, Verónica Gómez, Luciana Guerra, Mercedes Irisarri, Roxana Mercure, Denise Sánchez
Jorge Mara – La Ruche
02.08.21 | 30.09.21

Con curaduría de Eduardo Stupía, la galería Jorge Mara – La Ruche reúne una selección de pinturas recientes de Valentina Ansaldi, Verónica Gómez, Luciana Guerra, Mercedes Irisarri, Roxana Mercure y Denise Sánchez. Con el título de la exposición, el curador evoca “el juego de espejos y cristales de colores que formaba hipnóticas figuras en aquel primitivo dispositivo óptico” para asociarlo a las obras y “la confluencia polifónica de estas seis pintoras argentinas contemporáneas, con un raro efecto multiplicador −propone en el texto de sala−. La potente fisonomía individual que adquiere la práctica de la pintura en cada una de ellas persiste en su singularidad, y a la vez se nutre de resonancias cruzadas, inesperadas afinidades, proactivas divergencias y nuevos umbrales de acceso. Cada voz se hace oír y es a la vez el eco provisorio de las otras, para que el espectador sea cómplice, partícipe necesario de una dinámica vocinglería”.

Valentina Ansaldi (Buenos Aires, 1994) pinta lugares y ambientes que “altera con una paleta de altísima vibración… para inundar de electrizada, muda irrealidad, aquello que creíamos cotidiano”. En sus pinturas, los espacios se vuelven artificiales al adquirir despliegue escenográfico. Mercedes Irisarri (Buenos Aires, 1983) se concentra también en imágenes de la cotidianidad, llevando pequeños objetos o detalles del día a día a escalas monumentales en comparación con su tamaño real. Y lo hace “bajo el puritanismo de una rigurosa experimentación tonal”, convirtiendo “al reconcentrado estatuto de su cuasi monocromía en una eficaz herramienta de descripción interrogativa” −comenta Stupía acerca del blanco, negro y gris que predomina en sus telas−. De Verónica Gómez (Buenos Aires, 1978) se exhiben dos paisajes abstractos (Alajärvi, 2018 y Sanguíneo, 2019), en los que la artista “cubre el plano de una crepitación porosa que exhibe ropajes cambiantes, como las incorpóreas estaciones de un mundo indecible, en infinita transmutación”. En los trabajos de Luciana Guerra (Rosario, 1977) prima “la superposición de colores y capas de pintura aplicados de un modo gestual, haciendo referencia al acto diario de la escritura a mano” –explica la artista− para generar pasajes de color y transparencias, a los que luego incorpora líneas, grafismos y diagonales. Roxana Mercure (Buenos Aires, 1965) superpone también expresivas pinceladas de colores vibrantes, “lanzándose a un ensayo bifronte, entre el puro lirismo y las autónomas revelaciones de lo gestual” (Stupía). Denise Sánchez (Buenos Aires, 1970) desarrolla “herbarios ornamentales” en acuosas y abundantes pinceladas de acrílico, que se ramifican en “pigmentos y rizomas, para la prolífica génesis de una morfología disonante” −agrega Stupía−.