Scripta manent
Muestra colectiva
Herlitzka + Faria
10.03.20 | 13.05.20

Scripta manent (Lo escrito permanece) reúne en Herlitzka + Faria una selección de obras atravesadas por la escritura. Desde diversas perspectivas, concepciones y procedimientos, la temática se manifiesta, en todos los casos, en oposición a la naturaleza fugaz de la lengua hablada.

Sofía Jones, autora del texto que acompaña la exhibición, subraya una distinción fundamental entre “los grafismos que conforman la escritura y la significación atribuida a ellos” para entender estas piezas. Gan parte de las estrategias visuales en Scripta manent utilizan la idea de grafismo más allá de su función comunicativa, “transgrediendo la condición propia del signo lingüístico”. Asimismo, la escritura requiere de una superficie sobre la cual desarrollarse, sea papel, tela, piedra o luz de neón, “y es lo que la distingue del lenguaje oral. Es a través de su cualidad de elemento gráfico plasmado sobre un soporte material que la escritura se conecta profundamente con la expresión plástica” −apunta Jones−.

El conceptualismo es el movimiento en que la palabra constituye “uno de los medios privilegiados para la plasmación de la obra, y el lenguaje se convierte en material y tema de la misma” –sigue el texto−. En la muestra, las obras de Álvaro Barrios (Cartagena de Indias, 1945), Rafael Hastings (Lima, 1945-2020), Ricardo Carreira (Buenos Aires, 1942-1993) y Carlos Ginzburg (La Plata, 1946) se alinean con este tipo de producciones, un ejemplo de ello es escribir repetidamente hasta cubrir una página entera la frase de Cicerón, en inglés,  “Great is the power of habit” (Carlos Ginzburg, La répétition, 1972).

La escritura puede también erigirse como herramienta para remitir a temáticas que abarcan lo social y político, tal es el caso de Juan Carlos Romero (Avellaneda, 1931 – Buenos Aires, 2017), cuyos carteles de colores estridentes y letras de molde estilo Western (Swift en Swift, 1970) reclaman, entre otras cosas: “Explique que los ricos gozan el fruto del trabajo de los pobres y los últimos son como mil a uno en proporción a los primeros y que la gran mayoría de nuestras gentes se ven obligadas a vivir en forma miserable trabajando todos los días por pequeños salarios para que unos pocos viviesen en la opulencia”. En esta misma línea, la obra Somos, de Hernán Marina (Buenos Aires, 1967), parte del encuentro de una serie de documentos pertenecientes a la experiencia militante del Frente de Liberación Homosexual (FLH) de la Argentina, que publicó de manera clandestina ocho números de una revista del mismo nombre entre diciembre de 1973 y enero de 1976. Otras obras utilizan la palabra escrita para pronunciarse sobre la propia naturaleza del arte, como Este papel es una cárcel (1972), en que Horacio Zabala (Buenos Aires, 1943) alude a su propia obra y al material que utiliza cuando apunta la frase en letra manuscrita sobre una hoja cuadriculada.

En otras ocasiones, la función de la escritura “pareciera ser el registro de un proceso de investigación”, como puede observarse en Estudio del color para “La Ronda Nocturna” (Rembrandt) (1974) de Osvaldo Romberg (Buenos Aires, 1938 – Tel Aviv, 2019) o en la serie “Pizarrones” que desarrolla Karina Peisajovich (Buenos Aires, 1966) para sus cursos sobre teoría del color.

El collage ocupa otro sector de la muestra, con obras de Herbert Rodríguez (Lima, 1959) y Analía Sabán (Buenos Aires, 1980), que desarman y apropian escrituras ajenas para elaborar piezas propias con recortes de medios gráficos.

Mirtha Dermisache (Buenos Aires, 1940-2012), Susana Rodríguez (Buenos Aires, 1950), Margarita Paksa (Buenos Aires, 1936) y Emilia Azcárate (Caracas, 1964) experimentan sobre la versatilidad del lenguaje escrito y desarrollan lo que Roland Barthes definió como “escrituras ilegibles”. “Se trata de composiciones que sin llegar a la completa abstracción, pues remiten a las estructuras visuales de la escritura, no poseen referencias inteligibles” (Jones).

La exposición exhibe, a su vez, obras como Structure of the Alphabet (1971), de Leandro Katz (Buenos Aires, 1938), las signografías y textos de Clemente Padín (Lascano, 1939) y piezas en braille de León Ferrari (Buenos Aires, 1920-2013), que presentan alfabetos alternativos al latino, reales o ficticios. “Sus características diferenciales, abordadas desde un enfoque puramente visual o sensorial, acercan a estos alfabetos más a sus cualidades gráficas y sensoriales que comunicativas”.

Otro conjunto abarca obras híbridas de Rafael Alberti (El Puerto de Santa María, 1902-1999), Jaime Higa (Lima, 1960), Ferreira Gullar (San Luis, 1930 – Río de Janeiro, 2016) y Guillermo Deisler (Santiago de Chile, 1940 – Halle, 1995): entrecruzan las disciplinas visuales con el género literario de la poesía, “siendo en algunos casos lo visual lo que prima; y en otros la relación inversa”. El recorrido finaliza con una obra de Leopoldo Maler (Buenos Aires, 1937) que sintetiza diferentes aspectos de la muestra en una antigua máquina de escribir cuyo carro despide llamas, fuego en lugar de papel (Homenaje, 1974).