Bardo
Varios artistas
Barro
08.11.19 | 20.12.19
Bardo, 2019, vista de exhibición en BARRO. Ph: Gentileza de BARRO

Con una exhibición colectiva en su sala del barrio de La Boca, Barro celebró sus primeros cinco años de vida. La muestra incluyó trabajos de “los y las artistas que hicieron crecer a la galería con sus obras”, decía la invitación: Nicanor Aráoz (Buenos Aires, 1981), Diego Bianchi (Buenos Aires, 1969), Joaquín Boz (Rojas, 1987), Gabriel Chaile (San Miguel de Tucumán, 1985), Nicola Costantino (Rosario, 1964), Matías Duville (Buenos Aires, 1974), Guillermo Faivovich & Nicolás Goldberg (Buenos Aires, 1977; París, 1978), Mónica Giron (San Carlos de Bariloche, 1959), Nani Lamarque (Buenos Aires, 1985), Martín Legón (Buenos Aires, 1978), Mondongo (Juliana Laffitte −Buenos Aires, 1974− y Manuel Mendanha −Buenos Aires, 1976−), Marcelo Pombo (Buenos Aires, 1959), Miguel Ángel Ríos (San José Norte, 1943), Alejandra Seeber (Buenos Aires, 1969), Amalia Ulman (Buenos Aires, 1989) y Agustina Woodgate (Buenos Aires, 1981). La jornada de inauguración se extendió a la calle Caboto, donde hubo música y los típicos choripanes boquenses. La celebración culminó con una gran fiesta en la Usina del Arte.

Bardo, 2019, vista de exhibición en BARRO. Ph: Gentileza de BARRO

En lunfardo, bardo remite a “lío, embrollo”, pero también a “quilombo” o fiesta. Pero la misma palabra cuenta también con otras genealogías. En la antigua Europa, por ejemplo, se denominaba “bardo” a la persona encargada de transmitir relatos y leyendas de forma oral, que además cantaba la historia de sus pueblos en poemas. Por otro lado, en la tradición budista, alude a un estado intermedio o transicional entre la muerte y el renacimiento. El término concentra entonces tres significados relevantes a la hora de conmemorar los cinco años de BARRO: “fiesta, cambio permanente y transmisión de la cultura de generación en generación”, sintetiza su director artístico Federico Curutchet.

Bardo, 2019, vista de exhibición en BARRO. Ph: Gentileza de BARRO
Bardo, 2019, vista de exhibición en BARRO. Ph: Gentileza de BARRO
Bardo, 2019, vista de exhibición en BARRO. Ph: Gentileza de BARRO

La muestra arranca con Soporte, de Amalia Ulman, un grupo de objetos que podrían identificarse como una combinación entre bastones de rehabilitación y caño de pole dance con espejos, que crea con los reflejos un efecto de confusión visual y refuerza la disposición laberíntica de las obras. Muchas piezas en Bardo proponen “traer al imaginario algunos de nuestros ‘hitos’, de las muestras que tuvieron lugar en la galería”, sigue Curutcet. Es el caso de la pintura de gran formato de Joaquín Boz, de la cual, al ingresar, se ve el dorso de madera, “esa especie de tapiado” (Curutchet dixit) antes que su frente. Así estaba expuesta en Los días, la muestra individual del artista en 2018. Con el mismo criterio se exhibe la escultura Sin título, de Nicanor Aráoz, con un panel rojo de fondo. De manera similar se la veía en Glótica, su primera muestra individual en Barro. Otras referencias a exposiciones previas son más sutiles: la obra de Nani Lamarque, Cero encendido, por ejemplo, se ubica “en el mismo rincón en que, en la muestra de Diego Bianchi [Shutdown, 2016], pensabas que no iba a haber nada y te encontrabas sorpresivamente una obrita chiquita”, explica el director artístico. La obra de Lamarque también es pequeña y casi transparente.

Bardo, 2019, vista de exhibición en BARRO. Ph: Gentileza de BARRO
Bardo, 2019, vista de exhibición en BARRO. Ph: Gentileza de BARRO
Bardo, 2019, vista de exhibición en BARRO. Ph: Gentileza de BARRO

La muestra-aniversario proporcionó asimismo una oportunidad de dar a conocer obras y proyectos que, si bien definieron la identidad de la galería en estos años, no habían pasado por la sala de La Boca. Para Curutchet era importante que el público local se familiarizara con la instalación Aguas calientes, que Gabriel Chaile realizó para Art Basel o su serie de obras en pastel, que desarrolló durante una residencia en Europa, al igual que los dibujos que presenta de Martín Legón. Ambas residencias fueron gestionadas desde la galería. La obra Work Out (Jornada laboral), de Agustina Woodgate, conformada por ocho relojes analógicos, había sido expuesta en la Bienal del Whitney Museum of American Art en 2019, pero no en Buenos Aires. La muestra incluyó a su vez piezas nuevas y todavía inéditas de Nicola Costantino, de Matías Duville y de la dupla Faivovich & Goldberg. En resumen, mientras revisa el pasado, Bardo trae obras de otras latitudes y deja ver lo que vendrá.

Bardo, 2019, vista de exhibición en BARRO. Ph: Gentileza de BARRO
Bardo, 2019, vista de exhibición en BARRO. Ph: Gentileza de BARRO

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