Mirador
Hernán Salamanco
Smart Gallery BA
27.07.20 | 30.09.20

Hernán Salamanco (Buenos Aires, 1974) presenta en Smart Gallery BA ocho pinturas de producción reciente y gran formato, realizadas en esmalte sintético sobre chapa, técnica que comenzó a desarrollar en 2002 –en el marco poscrisis 2001– y con que plasmó desde grandes paisajes nevados hasta escenas intimistas. Las obras que integran Mirador, así se titula la muestra, se concentran en el género del paisaje con motivos que abarcan desde una gran cascada congelada (Hanging Lake, 2019) hasta las ráfagas que produce el viento (Brisas, 2020) o una serie de motivos florales como vistas de detalles que se amplían hasta que una flor llega a medir casi un metro cuadrado (Rosa china blanca, 2016). Las flores conforman, a su vez, una serie de tributos a personas “no necesariamente del mundo del arte” −aclara Salamanco− a las que el artista desea recordar de esta manera. Florencia Braga Menéndez lo definió en 2004, en relación con su trabajo, como “casi un coleccionista mental de situaciones visuales”.

Como soporte físico de las obras utiliza “materiales hechos para durar −dice el artista−; la chapa no se oxida y puede recibir lluvias y soles fuertes” (Radar, 2004), lo cual indica, en la concepción misma de las pinturas, un desplazamiento entre el afuera y el adentro. Pero el movimiento pictórico del Mirador de Salamanco altera, como dijimos, también las escalas y vemos cómo un arreglo floral (Ramo o Dancer in the Dark, por ejemplo, ambas 2019) puede superar en dimensiones a la copa de un árbol. A su vez, la perspectiva varía entre el clasicismo (una cascada vista de frente) y la visión subjetiva (una arboleda desde el suelo), pero, en todos los casos, las figuras se forman en los contrastes y en las sutilezas de la luz. Es en esa intersección donde la mirada podrá distinguir –o no− entre pincelada, árbol y cielo diurno, por ejemplo, en Arriba vista (2019). En otra de las imágenes, una operación similar confunde y resalta las flores amarillas del cuadro con un fondo que es, ahora, nocturno (Flores amarillas después de Nacho Iasparra, 2020). Juan Fernando García señala en el texto para la muestra que “en su mundo de representaciones algo parece estar diluyéndose, escapándose de los límites de sí mismo”. Es que, al observar de cerca, los límites aparecen difusos en la quietud del paisaje, donde el conjunto se mueve entre el exterior y el interior, entre lo grande y lo pequeño, entre el día y la noche, entre figura y fondo, para crear así un espacio intermedio donde convergen y se confunden la figura y la abstracción.