Mildred Burton: Fauna del país
Mildred Burton
Museo de Arte Moderno de Buenos Aires
27.02.20 | 22.06.20

En la Sala de Proyectos Especiales, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires presenta Mildred Burton: Fauna del país, con curaduría de Marcos Krämer. Con mobiliario, piso alfombrado y un empapelado de flores anaranjadas que simulan un ambiente victoriano, la muestra compone un recorrido por pinturas, dibujos, collages y fotografías intervenidas, que abarcan cuatro décadas de la producción de la artista, desde los tempranos años setenta hasta comienzos del siglo XXI. El papel de las paredes se interrumpe, rasgado de piso a techo, antes de llegar a cubrir la superficie total de los muros laterales, sugiriendo así las rupturas que jalonaron el imaginario de Burton (Paraná, 1942 – Buenos Aires, 2008). Sus figuraciones –informa el museo− “supieron dialogar con la fantasía, la perversión y el humor al mismo tiempo, construyendo retratos familiares, objetos animados e incluso animales imaginarios, mediante representaciones con una fuerte tendencia surrealista”.

Variadas referencias visuales pueden reconocerse en sus obras, desde la tradición inglesa de las artes decorativas del siglo XIX, el movimiento Arts & Crafts, el surrealismo de Max Ernst y de René Magritte hasta el realismo político de la pintura argentina de los años setenta y ochenta. Sin embargo, sí fueron sus referentes literarios los que perduraron a lo largo de su producción, sobre todo las alusiones a la literatura fantástica y a los cuentos populares infantiles, “a partir de las cuales creó una gran novela visual sobre el ámbito familiar y sus conflictos”. En la exhibición se incluyen, por ejemplo, los tres retratos de la familia Rosas (1974), “que lenta y delicadamente se transforman en la flor de su apellido −escribe el curador−: Suavemente, de la oreja del hijo brotan dos espinas, el pelo del abuelo toma la forma espiralada de la rosa y la oreja del padre es un capullo elegante”.

Como en la literatura fantástica, en la obra de Burton se observan las más diversas transformaciones. Los propios libros se abren y de ellos emergen los personajes, objetos y animales que contienen sus historias, tal es el caso de Bye, bye… trencito mío… bye, bye (1994) o de El tiempo náufrago de Grand Father Boat (1994-1996). Estas piezas “dan los detalles finales al espacio doméstico-fantástico de la exhibición, proponiendo al hogar como una plataforma necesaria para que la imaginación vaya desgarrando los límites de lo conocido hasta perderse en el ensueño” (Krämer). Por un lado, la artista fusionó “dos mundos aparentemente contrapuestos como la naturaleza y la civilización, poniendo en contacto las formas humanas con las animales al punto de su transformación bestial”. De esta manera, en sus imágenes invadió el ámbito doméstico con el desborde de la naturaleza salvaje, haciendo convivir sus tensiones en el centro del hogar. Por otro, en obras como El primer dolor de Jean Jarrow (1992) o Los primeros días de Mayo (1978) Burton inyectó vida fantástica a los objetos más cotidianos, como una taza, cuyo paisaje impreso en porcelana se extiende hacia el resto de la tela o un banco que emana humo desde las chimeneas en su estampado, “buscando el extrañamiento en la realidad más corriente”, dice el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.