Ruth Benzacar Galería de Arte
JL#2
Txt: Jazmín López, Rubén Mira
Buenos Aires, 2019
230 pp, 161 il, 22,5 x 15 cm
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La galería Ruth Benzacar encaró, tanto en 2018 y como en 2019, un trabajo editorial para documentar la obra de un o una artista de su staff. El segundo volumen de esta colección, JL#2, está dedicado a Jazmín López (Buenos Aires, 1984) e incluye reproducciones de sus pinturas realizadas desde 2007 y una amplia documentación fotográfica de sus muestras a lo largo de más de 160 páginas ilustradas. Hacia el final, un conjunto de textos provenientes de entrevistas y statements, además de una biografía, proporciona un acercamiento al contexto de los trabajos.

La edición original de Citas del presidente Mao Tse-tung (1964), más conocido como el Libro Rojo de Mao, presenta una compilación de discursos y declaraciones pronunciados por el líder chino: las tapas venían en un rojo vibrante, con el título en caracteres plateados y una estrella. La artista declara que “ya poco importa lo que tenga que decirnos sobre la revolución china, en todo caso es una materialidad ficcional que es potente en conjeturas. Un libro para conjeturar y para conjurar, en el sentido de volver a convocarlo; conjurar ese libro de Mao y ver qué pasa”. Su propio libro, entonces, se presenta con una portada similar, conservando el color, los caracteres chinos y la misma estrella.

El rojo va perdiendo sucesivamente intensidad en las páginas interiores hasta llegar al blanco, que en ese punto se combina con grandes letras negras que anuncian el nombre de la artista. Sin otra introducción, el libro continúa con un “corrido” de imágenes que comienza con reproducciones de tres obras abstractas tituladas Pensar que es todo parte de un gran plan (2015, 2010 y 2011), obras que parecieran inconclusas. Presente en gran parte de sus trabajos, la artista define esta operación como una “invitación, una intención de vaciamiento para que el que mira sea protagonista”.

Las obras de grandes dimensiones continúan a lo largo de las páginas y de los años, pintadas con crayón, óleo, marcador y pegamento, sobre lienzos, pero también sobre jean y otros materiales textiles, desteñidos a veces a base de lavandina y con pescados y tubos adheridos a la superficie. Algunos de sus títulos: Cubismo (2016), Poesía (2009), Prosa (2009), Creando tonos de piel para pintura al óleo (2016 y 2017); dice López que sus pinturas suelen tener un tamaño que se relaciona con su cuerpo, “como si el ancho fuera el ancho de mis brazos [desplegados] y hubiese una dimensión de escala 1:1; son pinturas grandes con gestos torpes. Como si estuviese en trance, disfrazándome de otro que no soy; me disfrazo de la que pinta”. Y en este mismo sentido piensa el objeto-libro: imagina la “posibilidad de un libro que [también] se disfraza”, y se pregunta entonces “¿cómo se mete un contenido [las pinturas] adentro de otro [el libro]?”.

López pintó también banderas para manifestaciones como en la que se lee “Radical Feminist” (exhibida en A noir, E blanc, I rouge, U vert, O bleu, Lima, 2016) en letras mayúsculas que parecen desvanecerse. Al respecto señala que quiere “hacer banderas que ojalá sean poéticas y produzcan una tercera imagen que no sea lo que se está viendo; banderas que son todas las banderas y no son ninguna…”. Basada en una imagen documental, escribió en cursiva la palabra “Montoneros” (Porque no saben lo que hacen, 2017) a lo ancho de telas de diferentes colores. Antes había pintado fragmentos del logo de Volkswagen (Los tres desastres, 2013), “simplemente pensando en esa forma, qué significó y cómo la puedo destruir”, comenta al respecto.

En los registros de las muestras puede verse que las pinturas cuelgan sin marco ni contención, como si quisieran expandirse en el espacio hasta llegar a la conciencia de cada una de las miradas. “La responsabilidad de un artista es dar cuenta de una realidad dada, sea personal o social; no crear mensajes sino crear mundos; modificando la sensibilidad de quien observa”, como al salir de una misa o de una meditación, en un estado que nos hace “percibir las calles por las que llegamos como si las camináramos por primera vez”. Así debería salirse, sostiene López, de cualquier espacio que contenga obras, a las cuales también denomina “impresiones”.

Luego de las imágenes y las palabras de la artista, los epígrafes y la biografía, el libro deja unas páginas libres de texto e imágenes que se van oscureciendo hasta cerrarse en una contraportada igual de roja que su tapa, con los caracteres chinos y la estrella, ahora manuscritos en un gesto cuidadosamente torpe y desparejo. Ese gesto cierra las páginas, pero también las desborda, dejando un enigma: ¿qué dicen esos caracteres extranjeros?, ¿quién los escribió?, ¿por qué están ahí? Cada ejemplar de esta colección, se guarda, además, en una caja blanca, recortada para que asome un borde vibrante.