Un perfil dibujado en el espacio | Distante
Gilda Picabea
HACHE
19.11.19 | 21.02.20
Gilda Picabea, Un perfil dibujado en el espacio y Distante, 2019, vista de exhibiciones en HACHE. Ph: Ignacio Iasparra. Gentileza de HACHE

Con textos de Marita García y de Leticia Obeid, respectivamente, Gilda Picabea (Buenos Aires, 1974) inauguró en HACHE dos exhibiciones adyacentes y simultáneas: Un perfil dibujado en el espacio, en la sala 1, y Distante, en la sala 2. En ambas muestras, las obras de Picabea toman como eje las investigaciones y el debate de los artistas concretos argentinos de la década del 40 sobre la dualidad figura-fondo en la superficie pictórica. A partir de esta temática desarrolló dos series de pinturas abstractas con características visuales muy disímiles.

Gilda Picabea, Un perfil dibujado en el espacio, 2019, vista de exhibición en HACHE. Ph: Ignacio Iasparra. Gentileza de HACHE

La Asociación Arte Concreto-Invención, integrada por Edgar Bayley, Alfredo Hlito, Lidy Prati y
Tomás Maldonado, entre otros, “se centró en estudiar, en sus propuestas teóricas y en sus desarrollos plásticos, la autorreferencialidad de la pintura en tanto superficie bidimensional. Este grupo entendió que para obtener una estructura plástica no representativa era central abolir la lectura figura-fondo y cuestionar la estructura del soporte tradicional”, señala García en su texto para Un perfil dibujado en el espacio. En esta exhibición, Picabea desarrolló, en contrastes de blanco y negro, una serie de obras de gran formato que García describe como “filosa, evasiva, oblicua”, adjetivos que a su vez coinciden con títulos de tres de las obras. En la superficie de la tela se ven figuras irregurales que emergen de un borde lateral y pueden llegar hasta el centro del cuadro o hasta el extremo opuesto. Terminan (¿o empiezan?) con vértices espinosos, como recortados. “¿Es la superficie negra la figura? ¿Es el plano blanco el fondo? ¿O es al revés?”, pregunta García. “Ni lo uno ni lo otro. Son formas en tensión, en lucha por no constituirse ni en fondo ni en figura, por mantenerse ambas ‘adelante’, afirmando la superficie y negándole la posibilidad de abrirse a la lectura tridimensional. Estas pinturas vuelven a situarse en este delicado punto de la composición pictórica para nuevamente desafiarlo y proponer su resolución particular”.

Gilda Picabea, Distante, 2019, vista de exhibición en HACHE. Ph: Ignacio Iasparra. Gentileza de HACHE

Con una paleta limitada a tres colores en cada cuadro, Distante plantea también “jugar con las relaciones entre figura y fondo, buscando que el efecto de percepción de lo que está adelante o atrás se lograra con lo mínimo”, cuenta Obeid en su texto. En este caso, la serie está conformada por pinturas de mediano formato, cuadriláteros de diferentes medidas en que la artista pintó a su vez polígonos de distintas dimensiones y colores que se ensanchan o se estiran desde los bordes laterales hacia el centro, sin deformar nunca sus cuatro ángulos rectos. “El color está hecho de una suma que no se ve a primera vista pero vibra en las superposiciones. Líneas rectas, a pulso: ¡hay que verlas de cerca!”, sigue Obeid. Y destaca también, que “sin duda esta es una pintura que nos pide paciencia, y un elegante vaivén entre distancia y cercanía. Mirarla de lejos, en conjunto, producirá seguramente una serie de sensaciones muy diferentes a verla de cerca y comprobar que cada plano está hecho de líneas y pinceladas que dejan un rastro de su propia factura casi invisible”. En un presente “de sobreinformación, saturación de imágenes estridentes y estímulos exagerados, las obras con esa cualidad son un antídoto y estas prácticas artísticas pueden enseñarnos una forma de vida que necesitamos desesperadamente”.

Gilda Picabea, Un perfil dibujado en el espacio, 2019, vista de exhibición en HACHE. Ph: Ignacio Iasparra. Gentileza de HACHE

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