Ideas en mente
Dani Umpi
El Gran Vidrio
06.03.20 | 15.05.20

Con curaduría de Rodrigo Barcos, Ideas en mente reúne en El Gran Vidrio trabajos recientes de Dani Umpi (Tacuarembó, 1974), cuya producción abarca diferentes disciplinas como la música, la performance, la escritura y las artes visuales, manteniendo en cada una los mismos intereses hacia la novela rosa y la Tropicália brasileña. La muestra abrió con una performance compartida con el artista cordobés El Pelele (Lucas Gabriel Cardo, 1993), que irrumpió con vestuario alado y una serpiente verde flúo alrededor del cuello mientras Umpi cantaba su hit “Tebas”; le entrega la serpiente con instrucciones para mantener la calma y define la acción: “un saludo, un cruce, un encuentro extraordinario en donde confluyeron símbolos e intereses comunes a la producción de cada uno; terminamos la performance –agrega El Pelele− con la danza/invocación de ‘Espíritu Divino’, una canción cristiana remixada”.

Como si se tratara de un complejo paso de danza dibujado en el espacio, Ley (Parte 1) (2019), un gran collage de papel sobre alambre de acero forma rulos de letras y colores que cuelgan del techo. Aquí se situó el artista para realizar su performance, entre “una maraña de palabras, fragmentos de El Libro de la Ley de Aleister Crowley, que, según el autor, le fue dictado por una entidad angélica llamada Aiwass”, continúa El Pelele.

En medio de la sala, un conjunto de diez collages sobre papel dispuestos en estructuras metálicas conforman sendos “parangolés”. El término proviene de la obra del artista carioca Hélio Oiticica (1937-1980), quien, a partir de su visita al Morro da Mangueira entró en contacto con el samba y sus ritmos y decidió crear una serie de capas coloridas con telas y sogas para vestir al cuerpo que baila e integrar de esta forma el color y el movimiento. A esas capas las llamó “parangolés”. Sobre las paredes se puede ver un conjunto de trabajos de mediano y pequeño formato sobre papel, enmarcados. Los collages de gran formato cuelgan sin marco, como si se hubieran liberado de su contención para poder expandirse.

En estas obras, Umpi trabaja “a través del desmontaje de revistas de tiradas masivas” −explica Barcos− para crear un código nuevo y singular. Umpi recorta letras e imágenes que pega sobre superficies de diversas extensiones para formar textos a los que se accede al traspasar la textura gráfica. “El color es una posible guía para atravesar este universo en donde los textos invaden lo plástico y las imágenes lo sonoro”, continúa el curador, que compara estos procedimientos de desmontaje y montaje con la escritura de la segunda novela de Manuel Puig, Boquitas pintadas (1969), “construida como un rompecabezas discursivo, en el cual experimenta con diferentes lugares de enunciación −el diálogo directo entre personajes, el diálogo telefónico y los monólogos se mezclan con el discurso policial, periodístico y religioso−, lenguajes cuya función poética remite a instancias cotidianas y a un uso que responde a la llamada cultura popular”.

Los collages que realiza Dani Umpi parecen estar acompañando a Puig en esta dirección. Ambos se nutren del registro del chisme, del cual logran adueñarse para realizar una obra propia. Además, continúa Barcos: “si logramos atravesar la primera lectura cromática de sus collages, nos encontramos con que las letras pegadas de una manera obsesiva tienen una correlación y constituyen conversaciones legibles y reales”.