Femenino(s). Visualidades, acciones y afectos. Bienal 12
Chiachio & Giannone, Ana Gallardo, Fátima Pecci Carou, Cristina Schiavi et alii
XII Bienal del Mercosur
16.04.20

La XII edición de la Bienal del Mercosur abrió como propuesta digital bajo el título Femenino(s). Visualidades, acciones y afectos (ver + info). El evento, planeado para inaugurar en su formato tradicional el 9 de abril en el Museu de Arte do Rio Grande do Sul, el Memorial do Rio Grande do Sul y el Santander Cultural, en Porto Alegre, ha debido suspenderse en el marco de la crisis sanitaria, en atención a las recomendaciones internacionales de aislamiento social.

Con curaduría general de Andrea Giunta, asistencia curatorial de Dorota Maria Biczel y Fabiana Lopes y un programa educativo a cargo de Igor Simões, Bienal 12 reúne obras de 69 artistas de 24 países: las naciones que integran el Mercosur, Canadá, España, Estados Unidos y una fuerte presencia afrolatinoamericana, africana y del Caribe.

De Argentina participan Marcela Astorga (Mendoza, 1965) con su video-instalación Óculo (2009); Leo Chiachio & Daniel Giannone (Banfield, 1969 y Córdoba, 1964), con un bordado de gran formato, La familia en el alegre verdor (2013), “conformada por dos hombres y su pequeño hijo-mascota-perro llamado Piolín”, aclaran. Participa también Gonzalo Elvira (Neuquén, 1971), con sus retratos de “Mujeres de Bauhaus” (2020); Ana Gallardo (Rosario, 1958) con “Dibujos textuales II” (2018), una serie de obras en carbonilla sobre la violencia contra las mujeres en contextos de guerra y con dos instalaciones de otra serie, “Material descartable”: Pared de perejiles (1998) y Agujas de tejer (2000), sobre el aborto en la clandestinidad. Julieta Hanono (Buenos Aires, 1962) exhibe Traducir lo impenetrable (2019), una instalación conformada por tres obras realizadas con integrantes de la comunidad de pueblos originarios qom provenientes de El Impenetrable en Chaco, que viven en las afueras de la ciudad de Rosario. El trabajo aborda la experiencia diaspórica de la comunidad qom y la que ella misma condensa en su vida entre París, Buenos Aires y Rosario. El grupo feminista de activismo visual Mujeres Públicas (Buenos Aires, 2003) presenta su bandera DEMASIADO (2018-2019), además de una acción que ironiza acerca de Las ventajas de ser lesbiana (2003) y una pegatina de afiches sobre lo queer “entendiendo que este concepto (libertario en su origen) está deviniendo en un patrón estético y conductual excluyente”. El colectivo Nosotras Proponemos (Buenos Aires, 2017) participa con documentación de las “acciones efectivas para crear conciencia sobre la discriminación de las artistas mujeres en el mundo del arte en pos de la representación igualitaria” y presentan además banderas, afiches, proyecciones y objetos, entre ellos un afiche diseñado específicamente para la Bienal 12. Fátima Pecci Carou (Buenos Aires, 1984) fue convocada con su obra Algún día saldré de aquí (Femicidios) (2014-2016), 200 retratos pintados de mujeres, travestis y personas trans argentinas de diversas edades que fueron víctimas de femicidios o que están desaparecidas; Liliana Porter & Ana Tiscornia (Buenos Aires, 1941 y Montevideo, 1951) participan con su video Sin título con Helga (2020), filmado con un teléfono celular en su estudio durante la cuarentena regulada ante el COVID-19 y con su obra de teatro THEM (2018). Cristina Schiavi (Buenos Aires, 1954) presenta su escultura Grupo de familia (2000) y de Grete Stern (Elberfeld, 1904 – Buenos Aires, 1999) se puede ver el trabajo documental que realizó sobre los “Aborígenes del Gran Chaco” –así se denomina la serie− entre 1958 y 1964, período en que retrató a tobas, wichis y mocovíes, retomando el interés de la Bauhaus, donde había estudiado fotografía, acerca de las culturas originarias.

El concepto de la bienal hace eje en la producción de mujeres artistas, pero la selección comprende también trabajos de parejas y colectivos, así como de hombres heterosexuales, porque −aclara Giunta− “no estamos interesados en una clasificación, sino en artistas que tienen diferentes formas de identificación o que tengan un activismo feminista”. En este contexto, la curadora aclara que “predominan las artistas mujeres”. Y prosigue: “la bienal tiene la posibilidad de introducir el trabajo de artistas que normalmente quedan al margen del canon dominante del arte; [que] es muy reductivo. Una de las tareas del arte consiste en ampliar el conocimiento; ir más allá de lo que sabemos, más allá de lo que aceptamos; tiene una función central en esa transformación; tiene que ver con un proyecto intelectual”.

En conversación con el director-presidente de la Fundación Bienal del Mercosur, Gilberto Schwartsmann, Giunta explica los términos que integran el título de la exhibición. “Femenino(s)’ –no ‘femeninas’− es una intercepción de la palabra que abre una discusión no esencialista, no basada en un binarismo ‘hombre-mujer’, sino una construcción cultural; que puede ser explorada desde las obras que los y las artistas proponen”; “acciones” hace referencia a que la bienal se involucra con la performance y con los proyectos específicos planeados para la ciudad de Porto Alegre, los cuales no llegaron a realizarse, pero forman parte de la propuesta; y “’afectos’ –continúa Giunta− fue una palabra muy importante cuando la situación [de crisis sanitaria] internacional comenzó; había mucha incertidumbre, no sabíamos lo que estaba aconteciendo. En poco tiempo se hizo evidente la necesidad de trabajar de una forma completamente distinta; ante el cierre de todas las actividades artísticas en el mundo entero, la primera cosa que nos preocupó fue cómo estaban las personas. [En este sentido], ‘afectos’ fue una palabra clave”.

La Bienal de Porto Alegre se caracterizó −desde su creación en 1996− por ser una exhibición enraizada en la vida de la ciudad, en contraste con las grandes exposiciones que cada dos años tienen lugar en centros urbanos de importante afluencia turística como Venecia, Berlín o San Pablo mismo. Porto Alegre, en cambio, se convierte en “una plataforma de cruces y una plataforma regional” (Giunta) que interactúa con sus propios habitantes. Con este sentido está pensado el programa educativo, a cargo de un curador local. Sin embargo, en este momento, la exposición participa, junto a otros eventos artísticos alrededor del mundo, de “una intensa exploración de los soportes digitales”. Para Giunta, esto significa “aprender muchísimo sobre tecnologías y posibilidades digitales; [aunque] por supuesto, la fricción que se produce en el espacio entre las obras de arte es una experiencia única porque el cuerpo en el espacio dirigiendo la mirada hacia una u otra obra, la tensión, la iridiscencia, la vibración de las imágenes en el espacio no se puede reproducir a través de los medios digitales. Esperamos que en un futuro las experiencias en los museos puedan restablecerse”.