Limón
Alfredo Dufour
Constitución
14.03.20

Alfredo Dufour (San Juan, 1989) presenta Limón, una muestra instalativa en la sala que la galería Constitución estrenó el año pasado en el living de una antigua casona del barrio de La Boca. A través de una serie de juegos formales en el espacio, que por momentos parece vacío y otras veces saturado de objetos, el artista dispone una selección de objetos escultóricos y pinturas de producción reciente para crear una atmósfera introspectiva. El hogar, por ejemplo, está colmado de pelotas de colores, contrastando con las figuras pintadas en las telas, que flotan en un fondo blanco infinito. Se trata de piezas que responden a una escala doméstica y de uso cotidiano: una alfombra, una mesa, objetos de decoración sobre repisa, vajilla y un dispositivo donde corren imágenes y video. Por momentos, los objetos aluden a una infancia que transcurre en el espacio hogareño y a la posibilidad de juego, que en la muestra aparece siempre obstruida, sea por una red plástica, como en el caso de Pelotero (2020), o por plantas brotadas en el campo de juego de una cancha de fútbol en miniatura, en Jardín (2020).

En el desarrollo de sus obras, Dufour toma diferentes herramientas: dibuja digitalmente en un programa precario, pinta con materiales y artículos no profesionales y sus esculturas están realizadas con técnicas y elementos simples. En esta ocasión, sobre una pared pintada de un celeste estridente, exhibe una tablet ocupando el espacio que los hogares suelen destinar a un televisor, que reproduce una pieza de video realizada cuadro por cuadro con una herramienta tecnológica básica, el programa Paint. Desde aquí −así se denomina la obra− desarrolla un videoclip que acompaña un cover de un artista mendocino, Juan Manuel Ceballos, del tema del mismo nombre que la banda porteña Loquero grabó en su disco Fantasy (2001). “La música, a medida que [Dufour] continúa explorando el lenguaje audiovisual, va tomando más preponderancia en su uso dramático, teatral”, explican Alberto Romero y Martín Fernández, directores de la galería.

Dufour expone a su vez su relación con lo íntimo y lo privado: se pinta desnudo, encandilado por el sol (Desnudo, 2020) y talla una serie cuervos que lo asedian y que picotean su ropa interior [Cuervos (10), 2020]. “No son gestos paródicos o desafectados, por el contrario, ejercitan la observación sensible del presente inmediato y del mundo cotidiano, de lo no extraordinario”, aclaran en la galería.

A través de su trabajo, el artista genera una reflexión sobre sí mismo en una práctica permanente de autoconocimiento. En cuanto a los objetos, por un lado, la pieza Wayne Dyer (2020) reproduce la tapa de Tus zonas erróneas, uno de los libros de autoayuda más vendidos en la historia del género, en forma de mesa ratona. Sobre ella reposa un alfajor de maicena realizado en telgopor, enduido y pintura acrílica sobre servilleta de papel. Por otro, las esculturas responden a una operación de desplazamiento que en este caso implica un movimiento hacia lo objetual: las imágenes habían aparecido en pinturas, en dibujos realizados con Paint o videos de animación. El artista las traslada al lenguaje de la escultura a través de materiales rústicos y técnicas primitivas como la cartapesta, el tallado de telgopor o la madera pintada, generando, de esta forma, una mirada no solo sobre su intimidad, sino sobre su propia producción.

La trastienda, que se extiende a la cocina y al dormitorio, incorpora dos pinturas que Dufour realizó especialmente para esta ocasión, en que se ve un plato con sushi (Sushi, 2020) y otro con guiso (Guiso, 2020). También sumó, entre otras, una serie de piezas de 2019 cuyos motivos aluden al mundo de la comida: un huevo hervido y un sobre de sal (Dos anclas, 2019), una panera con forma de pato (Panera, 2019) y una panificación (Cremona, 2019). En el televisor de la habitación-dormitorio exhibe Rostro (2020), un autorretrato en video compuesto de una fotografía digital de su propia cara a manera de máscara del personaje que ocupa la pantalla: él mismo. “Invierte [de esta manera] el uso de la máscara que no lo tapa, sino que lo descubre”, sintetizan los directores de la galería. Difícil de descifrar, su voz nombra en tiempo presente lo que siente en relación con ser visto, el patetismo del ego y la angustia del pertenecer. “Nos habla como si fuéramos sus confidentes, pero filtra esa voz tapándose la boca con las manos, otra vez un gesto infantil, desesperado e incompleto”.